¡Vaya pena¡ Éste es sin duda, el sentir mayoritario de quienes transitan nuestra plaza principal, conocedores de las vicisitudes tenidas lugar durante su más que reciente ejecución. Basta visitar cualquier municipio, más o menos cercano, de entidad similar o diferente, gobernado por unos o por otros –es evidentemente indiferente- para apreciar, sin necesidad de tener conocimientos urbanísticos, gran olfato estético, ni de ingeniería en obras públicas, que nuestra querida y entrañable Plaza Nueva presenta el aspecto más descuidado, abandonado y lastimoso de cuantos presentó a lo largo de nuestra historia.
El estado de las baldosas, la suciedad de las mismas, las cuasinútiles y coloreadas papeleras, los inservibles e incómodos surtidores, los “ralladores de queso”, el mal olor del alcantarillado, así como las jardineras y bancos descoloridos, dan, junto a las farolas propias de una autovía, una imagen poco estética, poco elegante y nada presentable del corazón histórico y neurálgico de Lucena y de todos los lucentinos. Hubiera sido suficiente algo de sentido común, una pizca de buen gusto y un tanto de responsabilidad y de eficacia en la gestión, para dar a nuestra Plaza Nueva un cariz elegante, confortable y del agrado de todos lucentinos, ahora que los veladores han vuelto para quedarse y dar a nuestra plaza la vida y alegría de la chiquillería que necesitaba.
El señor Alcalde pasará a la historia por haberse ejecutado bajo su mandato el aparcamiento bajo la Plaza Nueva. Eso sí, del mismo modo será recordado, junto a su equipo de gobierno, por haber sido absolutamente incapaces de gestionar los mismos, e incapaces de llevar a cabo un verdadero plan de financiación, más allá de recibir verdaderas e ingentes transfusiones del erario, y con ello, haber contribuido a seguir perforando de modo insostenible, las cuentas de la Casa Consistorial.
Y ahora, la empresa que ejecutó las obras, reclama miles de euros más; y la entidad pública que gestiona los aparcamientos ruega al Ayuntamiento, en grave situación económica, grandes cantidades de dinero que palien la nefasta gestión llevada a cabo. Bien podíamos ser más responsables y exigir, al menos, el arreglo de los desperfectos de la imperfecta ejecución. Lo demás, habrá que soportarlo. Menos mal que siempre quedará nuestra gente para dar al corazón lucentino, la elegancia y la alegría que otros no supieron darle.
Francisco J. Barbancho Espada.