Adicción al “clic”, por Pepe Morales
Cada día es más complicado distinguir la realidad de la ficción. La llegada de los primeros televisores a los hogares fue una revolución, semejante a las acaecidas tras la invención de la imprenta, la máquina de vapor o la radio, al convertirse en la ventana por la que la gente se asomaba al mundo y por la que los mundos entraban en sus vidas. A no pocas personas les cogió en una edad avanzada y fueron numerosas las que saludaban y despedían a los presentadores como anfitriones que atendían a la visita con la debida cortesía y urbanidad.
La revolución digital ha puesto patas arriba el mundo complicando aún más la confusión entre realidad y ficción con el advenimiento de la “realidad virtual”, la “realidad aumentada" y el “metaverso” (combinación de las primeras). Quienes no pertenecemos a las generaciones nativas digitales a duras penas nos manejamos en un mundo más nuevo que la América de Colón y quienes sí pertenecen a ellas a duras penas son capaces de entender y controlar la realidad que les rodea. Es la tormenta perfecta para cambiarlo todo sin que nada cambie.
Los mercados, siempre ellos pero no en solitario, se han ocupado y preocupado de que el desarrollo de las nuevas tecnologías atienda a satisfacer sus necesidades reales, tangibles y materiales, que para eso ponen la pasta y mandan. Coinciden tales necesidades, siglos después, con las de quienes pilotaron el desarrollo de la imprenta, la radio y la televisión. Convertir las herramientas que han transformado la realidad a todo lo largo de la historia de la Humanidad en eficientes instrumentos de doctrina y control es la especialidad de la casa.
La informática contribuye al progreso de la civilización en todos los ámbitos de la vida de una forma inconcebible hace veinte o treinta años. Esa misma informática está modificando los usos y costumbres sociales, en numerosos aspectos de una manera regresiva para el individuo y la colectividad. La imprenta, la radio y la televisión, que acercaron la cultura, la información y la formación a la población, fueron utilizadas en distintos momentos por los poderes públicos y privados para ejercer la manipulación y la tiranía sobre la ciudadanía.
La información es poder y la conectividad a internet demuestra una capacidad para influir en las personas como nunca antes se había visto. George Orwell auguró en su novela “1984” (publicada en 1949 e inspirada en “Nosotros”, de Yevgueni Zamiatin, escrita en 1920) lo que está sucediendo hoy. Nadie hizo caso, a excepción de los poderes que calcan hoy lo que Orwell atribuyó al Gran Hermano, incluyendo las Policías del Pensamiento y la Neolengua. La Inteligencia Artificial acabará arrastrando a la sociedad a la realidad virtual de Matrix.
El actual deterioro del pensamiento crítico tiene mucho que ver con el empeño del poder por desmantelar la Educación Pública y sustituir las humanidades por contenidos relacionados con los mercados, la especulación y el consumismo. El bien común ha perecido en una sociedad donde odio y violencia abren la puerta al “malismo” de siempre, a la misoginia, a la homofobia, al racismo y a otras formas más graves de desentenderse del prójimo, como las guerras y los genocidios participados por un capitalismo neofascista que amenaza la paz.
Que en la época de la Inteligencia Artificial, el turismo espacial, la cirugía robótica, Alexa y Siri, el control domótico desde el móvil y los vehículos sin conductor, el nivel intelectual en el primer mundo sea similar al de épocas de analfabetismo y al de países subdesarrollados, es mala señal, muy mala. Que el dinero necesario para el bienestar social, para la sanidad, la vivienda y la educación, se invierta en armas que sólo sirven para destruir y matar es una pésima noticia, la peor posible. Sin pensamiento crítico y armados, el desastre está servido.
Pepe Morales
