La trampa de las cifras de empleo: triunfalismo estadístico frente a realidad, por Fernando Manuel García Nieto

Hay algo profundamente revelador en el debate sobre la reforma laboral del Gobierno. No porque nos ayude a entender el mercado de trabajo, sino porque muestra hasta qué punto la política actual ha aprendido a gobernar las estadísticas antes que los problemas.


Durante años, el Ejecutivo ha presentado la reducción de la temporalidad como uno de sus mayores éxitos. Y es cierto que los contratos indefinidos han aumentado notablemente. Pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿ha mejorado realmente la vida de los trabajadores en la misma proporción en que han mejorado los indicadores? Porque una cosa son los datos y otra muy distinta la realidad cotidiana.


Si preguntamos a una pareja joven que busca vivienda, a un trabajador que encadena periodos de actividad e inactividad o a quien sigue viviendo con sus padres pasada la treintena, difícilmente responderán hablando de tasas de temporalidad. Hablarán de alquileres imposibles, de salarios insuficientes y de una incertidumbre que continúa formando parte de su vida. Y ahí es donde el discurso oficial empieza a hacer aguas.


La política moderna ha descubierto que resulta mucho más sencillo modificar las categorías estadísticas que resolver los problemas estructurales de un país. Es más fácil celebrar que un contrato ha pasado de temporal a indefinido que explicar por qué una persona con empleo sigue sin poder emanciparse.


El asunto de los fijos discontinuos es un ejemplo perfecto. No porque constituyan un fraude por sí mismos, sino porque han permitido construir un relato triunfalista que evita afrontar la cuestión fundamental. El debate político se ha desplazado desde la calidad real del empleo hacia la clasificación administrativa del trabajador. Así, la discusión pública gira en torno a si una persona debe figurar en una columna u otra de una hoja de cálculo mientras esa misma persona sigue preguntándose cómo llegar a fin de mes.


La política ha cambiado el foco. Y cuando la política hace esto, suele ser porque le interesa más controlar el relato que afrontar el problema. Desde una perspectiva de ciencia política, esto tiene consecuencias importantes. La estabilidad de una democracia no depende únicamente del crecimiento económico ni de las cifras de empleo. Depende de que la ciudadanía perciba que existe una relación razonable entre esfuerzo y recompensa.


Cuando alguien trabaja y aun así no puede acceder a una vivienda digna, cuando tener hijos se convierte en una decisión económicamente arriesgada o cuando la expectativa de vivir mejor que los padres desaparece, la confianza en el sistema comienza a erosionarse.


Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. No por culpa exclusiva de este Gobierno ni de una sola reforma. Sería demasiado simple plantearlo así. Pero tampoco puede negarse que el Ejecutivo ha preferido celebrar los buenos titulares antes que reconocer los límites de sus políticas.


La reducción de la temporalidad puede ser una buena noticia. Pero si esa mejora no se traduce en una mayor capacidad para construir un proyecto de vida, estamos ante una victoria estadística, no necesariamente social.


Quizá por eso una parte creciente de la población observa con escepticismo los mensajes triunfalistas procedentes del poder. Escucha que el empleo bate récords mientras ve cómo la vivienda se aleja de sus posibilidades. Escucha que la economía crece mientras comprueba que llegar a fin de mes sigue siendo difícil. Escucha que el mercado laboral es más estable mientras percibe que su futuro no lo es. Y cuando la experiencia cotidiana contradice el discurso oficial, la gente acaba creyendo más a su bolsillo que a las ruedas de prensa.


El verdadero problema de España no es cuántos contratos indefinidos existen. El verdadero problema es que cada vez más personas tienen la sensación de que trabajar ya no garantiza el progreso que garantizaba hace unas décadas. Esa es la cuestión que debería preocupar a cualquier gobernante.


Porque una sociedad no fracasa cuando sus estadísticas empeoran. Sino cuando sus ciudadanos dejan de creer que el esfuerzo merece la pena.


Y ningún indicador laboral, por espectacular que parezca, puede ocultar esa realidad durante mucho tiempo.

Fernando Manuel García Nieto

Del guión a la pantalla, por Julián Valle Rivas

«Luego, ese alejamiento del espíritu literario de las novelas repercute, consecuentemente, en las series y películas», sentencio, hilando la conversación. «Pensaba —confiesa mi amigo Tito— que habíamos dado el tema por zanjado». Los chavalines, detenidos en la nueva caseta, señalan las llamativas portadas de los tebeos dispuestos a la venta, el arte de sus ilustraciones, la potencia de sus escenas. Hay mucho material y muy bueno repartido en tebeos y cómics, desaprovechado por las productoras televisivas y cinematográficas, que desprecian su calidad o consideran que abarcan un número de lectores inferior, dada su ambigua naturaleza. Sin embargo, es el medio más próximo a la televisión y el cine.

Su condición híbrida, combinatoria de ilustraciones, diálogos y narraciones, no deja de ser sino como ese ejercicio previo a la grabación, ese guión gráfico orientador de la producción audiovisual, cual esquema o mapa de preproducción, que planifica el rodaje, determinando encuadres, posicionamiento o desplazamiento de cámaras, acción de los personajes. Medio gráfico-narrativo que, en los últimos años, ha gozado de una mayor predilección para la pantalla, sobre todo, gracias a la temática de superhéroes, aunque, incluso aquí, atendida la naturaleza descrita, la fidelidad en la traslación siga siendo dudosa, y los magnates de la industria hayan preferido crear historias originales para realizar series y películas, antes que tomar una historia publicada para adaptarla, exprimiendo personajes y contextos con el objetivo de rentabilizarlos al máximo. Lo que no significa demérito, al contrario, han resultado productos eficaces, entretenidos y de incuestionable excelencia, con su época de esplendor y decadencia, como todo imperio que se precie, puesto que la saturación de la materia y la falta de imaginación son factores de directo perjuicio; máxime, respecto del segundo, si el desdén hacia las historias publicadas por volúmenes, números o fascículos (grapas), se mantiene como principio inquebrantable. De cualquier modo, no sólo los cómics de superhéroes han tenido su protagonismo en la televisión y el cine, tebeos, novelas gráficas y mangas diversos han sido escogidos por los gerifaltes de las productoras para proyectar sus obras a través de la pequeña y gran pantalla; al fin y al cabo, son copiosas las horas a cubrir.


«Demasiadas horas —insisto, ahora, en voz alta, descolocando un tanto a Tito, ausente del soliloquio, por lo que trato de retomar la charla—: Con el apogeo de las plataformas digitales, de alguna manera habrá que rellenar tantísimas horas de servicio. Un servicio disponible las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana». Mi amigo y yo reiniciamos la marcha, alejándonos del espacio destinado a la Feria del Libro. Una ráfaga de viento nos golpea de flanco, como el ataque de un regimiento de caballería en maniobra de embolsamiento, inesperado y letal, al abandonar el refugio de las casetas libreras, erigidas en línea, cuales parapetos defensivos. Es un cierzo frío, cuasi gélido, que nos compromete la resistencia y la prestancia, que nos hace cerrar nuestras cazadoras sin disimulo. O mis cazadoras, que he teclado en anterior ocasión. «Cualquier mierda vale, o sea», resume Tito, eficiente. Pero yo me muestro todavía inconformista con su escueto corolario: «Es que la cuestión no se circunscribe al mero cupo de la oferta».


Ese anhelo del autor por ver su novela trasladada (no adaptada) a la televisión o el cine lo lleva a simplificar los instrumentos literarios. «Más simples», comprende Tito. En efecto, morfología, sintaxis, gramática, la construcción narrativa es más simple, no persigue, siquiera le interesa, un mínimo esfuerzo intelectual del lector. «Ni el esfuerzo del propio escritor», apostilla mi amigo, atento al detalle. Vivimos una época de esperanza en conseguir esforzarnos, en general, lo menos posible, de esperanza en que la inteligencia artificial estará a nuestra disposición para solventar las carencias y, fundamentalmente, para llevar a cabo aquellas labores o aquellos trabajos que exijan un grado de empeño. Cada vez no es que necesitemos, es que queremos acumular menos conocimientos, porque el conocimiento, el saber requiere del ahínco, el tesón, la perseverancia, la entrega, el esfuerzo. Cada vez no es que necesitemos, es que queremos trabajar más fácil y rápido, porque el trabajo duro requiere su tiempo e idéntico esfuerzo y sus derivados. «Y queremos más tiempo libre», disgrega Tito, con tono grave, como si no dispusiera de excedente de tiempo libre en los cochambrosos almacenes de su existencia. No obstante, el planteamiento de mi amigo es una falsa percepción, pues, o el trabajo se encaminará a pedir más en menos tiempo, lo cual afectará al estado anímico, o a atrofiarnos más con el tiempo, lo que afectará al estado evolutivo. El escenario está en frente, diáfano. El borreguismo y la mediocridad se fomentan sin pudor, formando generaciones hacia una futura realidad social de simpleza y holgazanería física e intelectual. Y alimentar el ego y la vanidad del escritor con el eventual traslado de su obra a la pantalla se convierte, como sumando de la implacable tendencia futura, en la excusa perfecta para simplificar su narrativa literaria y, en consecuencia, para simplificar la actividad intelectual del lector. O, quizá, pervertido ya el escritor por la mediocridad expansiva, el eventual traslado de su obra a la pantalla se convierte en la excusa perfecta para ocultar su incapacidad para desarrollar una narrativa literaria compleja y, en consecuencia, para ocultar la incapacidad del lector para procesarla. Frases cortas, con repulsión a las subordinadas; parágrafos breves, desfigurados; diálogos invadidos por coloquialismos, de lenguaje cheli, dejes y léxicos regionales. Aquello que puede encajar en la narrativa visual. «En definitiva —concluyo—, escritores mediocres, guionistas mediocres, series y películas mediocres». «Bravo por el silogismo», me aplaude, burlón, Tito. «Hablo en serio —lo recrimino—. Qué esperar de la novela, de la televisión, del cine». «Es probable que no lo apreciemos —remarca—, si quedamos privados de las herramientas para hacerlo». Los paisanos deambulan absortos en sus cuitas y en sus móviles, a través de un presente ubicado en otro universo, en uno de los múltiples imaginados para los tebeos que contemplaban los chiquillos.

«Acerquémonos hasta la plaza —propone Tito— y bebámonos unas cervezas». Chasqueo la lengua, sin poder sujetar una sonrisa, al experimentar esa confortable seguridad de que siempre habrá cosas que nunca cambiarán, amigos que siempre estarán ahí, inflexibles, decididos a arrancarte el desaliento enquistado en las entrañas. El precio, de ser función retributiva, lo acepto: «Aún conservo las herramientas —termino por admitir, estoico— para apreciar que tendré que pagar yo». «Y justo es que te sintieras afortunado, amigo».


Julián Valle Rivas

De la novela al guión

La segunda estrella en la camiseta, por Pepe Morales

Con el runrún de fondo de que el cambio climático es un bulo que sólo busca perjudicar a la industria de las energías no renovables, en especial a la de los combustibles fósiles, he alternado el último tango de Messi con las olas de calor, la constatación de que en el ámbito futbolero el deporte es algo cada vez más residual, la evidencia de que la economía es una eficaz mordaza y la confirmación de que la geopolítica contamina cualquier cosa que toque.

Asqueado por la corrupta injerencia de los infantinos y las FIFAs, por la consentida soberbia del criminal naranja que preside los EE.UU. y la vergüenza ajena por el salto de M. Rajoy desde su papel de bufón de los recortes al de payaso diabólico propagandista de ideas neofascistas, mi interés por el mundial fue disminuyendo a medida que subía el termómetro. De hecho, no vi la semifinal contra Francia ni la final contra Argentina, sólo los resúmenes.

Mientras atronaban la madrugada los cohetes de celebración –para terror de personas con autismo, desgracia de mascotas, riesgo de incendio de solares y eriales sin desbrozar y otros daños colaterales asociados al primitivismo pirotécnico–, atronaban mi cabeza los millones de euros que supondría reemplazar las camisetas blancas y rojas con una sola estrella, compradas para la ocasión, por las nuevas con dos. Urgen los selfis para las redes.

Y también atronaron mi cabeza los registros a jugadores de la selección de Uzbekistán, la retención de un futbolista iraquí, la prohibición de entrada a territorio KKK del árbitro somalí Artan, el control con perros a la selección de Senegal en la pista del aeropuerto, el maltrato a la selección iraní, la denegación de visados a periodistas mayoritariamente africanos y la bocaza del ultra M. Rajoy negando la nacionalidad francesa a jugadores nacidos en Francia.

Asqueado por todo lo expuesto, además del conato de prohibición del castellano en las ruedas de prensa o de la indecente cifra de 15.000 millones US$ ingresados por la FIFA en concepto de publicidad, decidí aislarme en la medida de lo posible de tal disparate político y económico al que se suma la Prioridad Nazi-o-ná que convierte en dianas a Nico Williams (por negro), a Yamine Lamal (por negro y musulmán), a Laporte (por gabacho) y a unos cuantos indepes vascos y catalanes que no representan a la España Grande, Libre y Facha.

Abrumado por la triste realidad española y mundial, leí, el mismo día de la final, la entrevista en Cordópolis a Ángel Parejo, antítesis lucentina de la Prioridad Nazi-o-ná. Su labor en Infancia Solidaria, volcada en salvar vidas infantiles de África y Sudamérica, ha tropezado con la maniobra del Ayuntamiento (PP), del Alcalde Aurelio y de la Diputada de Derechos Sociales Irene, para meter la subvención de 25.000 € a Infancia Solidaria (o la de la Asociación de Alzheimer Nuestros Ángeles, trampolín político de la Diputada y florero electoral del Alcalde) en el mismo saco de las intocables cofradías y otras que dan votos a la Prioridad Nazi-o-ná y les reservan las plazas del postureo en misas, pregones y ofrendas.

Los corazones heridos, rotos en muchos casos, de inocentes niños olvidados, odiados en muchos casos, y las personas con sensibilidad que entregan los suyos al noble empeño de salvar vidas ajenas, se enfrentan a quienes dedican sus vidas a darse golpes en sus pechos huecos, vacíos, sin un corazón o algo que se asemeje. Unos 25.000 € costó restaurar un trono de santo (sólo el pan de oro), 3.600 € donó la Cooperativa Olivarera para restaurar el manto de la patrona (sólo una parte): son el coste de un año de actividad para salvar vidas y el de traer a una personita enferma del corazón para ser operada. Siempre hay Prioridades.

¿A cuántas vidas infantiles salvadas o personas atendidas cuando su mente deteriorada las convierte en una carga zombi para su entorno familiar equivale renovar las camisetas con dos estrellas bordadas en el corazón? Haga la cuenta de corazón y analice sus Prioridades.

Gracias a Ángel y a todas las personas que trabajaron, trabajan y trabajarán como voluntariado con el quijotesco convencimiento de mejorar un mundo cada día más inhóspito, egoísta y salvaje y con la férrea voluntad de servir al prójimo en lugar de servirse de él. Hoy sois objetivo a batir por la Prioridad Nazi-o-ná como recoge la Ley aprobada por les Corts Valencianes (PP/Vox), y que aprobarán todos los territorios PP/Vox, legitimando el odio al diferente, al más necesitado, en una España cerrada, en extremo católica y poco cristiana. No cuentan con que el pensamiento y la ternura tienen alas y nadie puede detener su vuelo.

Vuestras camisetas llevan bordada toda una galaxia en el corazón. No sabíais que era imposible, por eso lo estáis consiguiendo.

Pepe Morales

Los agentes cívicos: un aliado para la seguridad y la convivencia en nuestras ciudades, por Fernando Manuel García Nieto

La experiencia de los agentes cívicos nocturnos en la ciudad de Sevilla abre el debate sobre nuevas formas de reforzar la convivencia, la prevención y la proximidad desde el ámbito municipal, complementando la labor de los cuerpos policiales y mejorando la atención a la ciudadanía.


En los últimos años, los vecinos de muchos municipios vienen demandando una mayor atención a cuestiones que influyen directamente en su calidad de vida: la convivencia en los barrios, la atención a las personas vulnerables, el cuidado de los espacios públicos y una presencia más cercana de los servicios municipales en la calle. Se trata de situaciones que, aunque no siempre constituyen problemas de seguridad en sentido estricto, sí afectan a la percepción de tranquilidad y bienestar de la ciudadanía.


Esta realidad obliga a las administraciones locales a buscar nuevas fórmulas de actuación que complementen el trabajo que ya realizan los distintos servicios públicos. En este contexto han surgido iniciativas destinadas a reforzar la presencia institucional en el espacio público mediante figuras de proximidad. Una de las experiencias más interesantes es la puesta en marcha de los denominados agentes cívicos en ciudades como Sevilla, una iniciativa que muchos identifican con una adaptación moderna de la antigua figura del sereno.


Como profesional de la seguridad local, observo este tipo de proyectos con interés. No porque supongan una alternativa a la función policial, sino precisamente porque pueden convertirse en un complemento útil dentro de un sistema de seguridad moderno, coordinado y adaptado a las necesidades actuales de los ciudadanos.


La experiencia diaria demuestra que una parte importante de las incidencias que generan preocupación vecinal no requiere necesariamente una intervención policial inmediata. Personas mayores que necesitan orientación, ciudadanos que precisan ayuda o acompañamiento, conflictos de convivencia de escasa entidad, incidencias relacionadas con el mobiliario urbano o situaciones que simplemente necesitan ser comunicadas al servicio municipal competente forman parte de la realidad cotidiana de cualquier ciudad.


La presencia de agentes cívicos puede contribuir a detectar estas situaciones de manera temprana y canalizarlas hacia los recursos adecuados. Su labor se sitúa en el ámbito de la información, la mediación y el acompañamiento ciudadano, desempeñando funciones que favorecen la convivencia y mejoran la capacidad de respuesta de la administración local.

Desde mi punto de vista, uno de los principales beneficios de esta figura es que refuerza la presencia de los servicios públicos en la vía pública sin generar duplicidades. Los agentes cívicos nocturnos no sustituyen a la Policía Local ni ejercen funciones de autoridad. No realizan tareas de seguridad ciudadana ni intervenciones policiales. Su misión es distinta y, precisamente por ello, puede resultar valiosa.


Cuando las responsabilidades están claramente definidas, todos los servicios salen beneficiados. La Policía Local puede concentrar sus recursos en aquellas funciones para las que está específicamente formada y legalmente habilitada, mientras que los agentes cívicos desarrollan tareas preventivas, de mediación y de atención directa a los vecinos.


Además, este tipo de iniciativas puede aportar un elemento especialmente importante: la cercanía. Muchas personas se sienten más cómodas trasladando determinadas cuestiones o preocupaciones a una figura de carácter asistencial y orientador. En ocasiones, una conversación, una información adecuada o la detección temprana de un problema pueden evitar que una situación de convivencia termine convirtiéndose en un conflicto de mayor entidad.


Como señalan diversos estudios sobre seguridad urbana impulsados por la Federación Española de Municipios y Provincias, la percepción de seguridad no depende únicamente de la reducción de la delincuencia, sino también de factores como la cohesión social, la calidad del espacio público y la capacidad de los servicios municipales para responder a las necesidades cotidianas de los vecinos. Esta visión más amplia de la seguridad explica el creciente interés por fórmulas que refuercen la prevención y la proximidad desde el ámbito local.


Por supuesto, cualquier proyecto de estas características debe implantarse con prudencia. Es fundamental evitar confusiones sobre las funciones de cada colectivo y garantizar una coordinación eficaz entre todos los servicios municipales. También resulta importante que estas figuras no sean percibidas como una alternativa a la necesaria dotación de efectivos policiales ni como una fórmula para reducir recursos en materia de seguridad.


Sin embargo, rechazar estas experiencias únicamente por ese riesgo supondría ignorar una realidad que ya se observa en numerosas ciudades europeas. La seguridad urbana es cada vez más un concepto amplio que engloba prevención, convivencia, atención social, mediación y colaboración entre distintos profesionales.


Los ciudadanos no solo demandan una respuesta eficaz cuando se produce una emergencia o una infracción. También esperan que las administraciones sean capaces de prevenir problemas, atender situaciones de vulnerabilidad y mantener una presencia cercana y accesible en sus barrios.


La seguridad se construye cuando interviene una patrulla policial, pero también cuando una persona vulnerable recibe ayuda, cuando un conflicto vecinal se resuelve antes de agravarse o cuando una incidencia urbana se detecta y comunica a tiempo. Todas esas actuaciones contribuyen a generar confianza y a mejorar la percepción de seguridad de la ciudadanía.


Por ello, considero que experiencias como la desarrollada en Sevilla merecen ser analizadas con atención. No representan una sustitución del modelo policial tradicional, sino una posible evolución de las políticas municipales de proximidad y convivencia. Bien diseñadas, adecuadamente dotadas y coordinadas, pueden convertirse en una herramienta útil para mejorar la calidad de vida de los vecinos y fortalecer la relación entre la ciudadanía y sus instituciones.


La cuestión no es si los agentes cívicos deben sustituir a la Policía Local, porque claramente no están llamados a hacerlo. La verdadera reflexión consiste en determinar cómo pueden colaborar distintos profesionales para ofrecer una respuesta más completa a los desafíos cotidianos de nuestras ciudades.


Porque una ciudad más segura no es únicamente aquella que dispone de medios para actuar cuando surge un problema. Es, sobre todo, aquella que cuenta con recursos capaces de prevenirlo antes de que aparezca.

Nota del autor :
La reflexión contenida en este artículo se apoya en la documentación y estudios elaborados por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) sobre seguridad local y convivencia ciudadana; en diversas publicaciones del Foro Europeo para la Seguridad Urbana (EFUS) relativas a prevención, mediación y seguridad urbana de proximidad; en la Estrategia de Seguridad Nacional de España; y en la información institucional difundida por el Ayuntamiento de Sevilla sobre la implantación y desarrollo del programa de agentes cívicos.

Fernando Manuel García Nieto

La misa de 12, por Pepe Morales

Se llama tradición a la transmisión de costumbres de una generación a otra. Lo mismo se aplica el término al sometimiento voluntario al escarnio público de un grupo de jóvenes en grotescas despedidas de soltera/o (en auge) o a la celebración del fin de la siembra o de la cosecha (hoy, casi en desuso). A las tradiciones se les atribuyen peculiaridades que las sitúan entre los sortilegios y las supersticiones. Suele ocurrir en sociedades con arraigadas prácticas rituales promovidas por quienes se valen de lo espiritual para distraer a las masas.

La historia es una sucesión de procesos de sustitución de unas tradiciones por otras como fórmula de conquista y sometimiento, a menudo acompañados por el ejercicio de la fuerza y una espiral de miedo, odio, devastación y muerte. A pesar de su naturaleza conservadora, las tradiciones suelen cambiar su sentido original para adaptarse a cada momento histórico en cada lugar. Las religiones son el mayor exponente de apropiación y resignificación de las tradiciones populares a todo lo largo de la Historia en cada uno de los cinco continentes.

En lo que se conoce como “cultura occidental”, una de las tradiciones más reconocibles y polivalentes, la misa, se construye como rito sobre prácticas similares previas basadas en el totemismo, un conjunto de creencias y hábitos espirituales y sociales vinculados a un tótem. El término tótem se aplica a seres, objetos o símbolos erigidos en emblemas grupales de familias, clanes, linajes o tribus, siendo el totemismo una expresión espiritual primigenia similar al chamanismo, el animismo y otros fenómenos “religiosos” en sociedades arcaicas.

Las misas, en un principio, como los ritos a los que reemplazaron, buscaron la catarsis colectiva en torno a la idea de sacrificio y el miedo a la muerte, induciendo emociones y sentimientos hábilmente dosificados. Como todos los rituales, las misas tienen unas formas reconocibles y también unas disidencias que se van tolerando con el tiempo para evitar la fuga de creyentes y la pérdida de privilegios. España, sin el yugo nacionalcatólico, vivió una liberación en lo político y en lo religioso que se ha trasladado a la dominical misa de las 12.

Cumplir con las tradiciones –acudir a misa– por obligación es contraproducente, algo poco o nada recomendable. Es lo que ha sucedido con la misa de 12, la del gallo o las de la BBCf (bodas, bautizos, comuniones y funerales). La mayoría de los asistentes lo hacen por mero postureo social, a diferencia de otras misas donde la asistencia aún cuenta con el estímulo de la fe. La misa de 12 tiene a su favor el horario perfecto para permitir a las clases medias y altas practicar el noble arte de lucirse ante el pueblo en el templo antes de acudir al bar.

Que la fe es lo de menos, que el mensaje evangélico no va con la feligresía de las 12, que Jesucristo puede ser el enemigo infiltrado, que la palabra de dios es sólo la letra pequeña de un mal contrato social, se desprende de la clientela parroquial de esa misa en concreto. Las derechas, asiduas de la misa de 12, ponen velas a dios y al diablo, afean al Papa que predique el amor al prójimo, aplauden a genocidas y criminales, consideran el maltrato machista y la homofobia tradiciones irrenunciables y se ponen de perfil ante la pederastia.

El verdadero ídolo adorado por las derechas, esa gente de bien que exige la prioridad “nazi o ná”, no es más que la versión 4.0 del Becerro de Oro. Son una troupe de camellos intentando pasar por el ojo de la aguja, escribas y fariseos utilizando los templos para sus negocios, aprendices de Judas capaces de vender su patria al demonio de los aranceles.


Pepe Morales

HISTORIA DE UN PUCHERAZO Y ARTIMAÑAS DEL PSOE PROVINCIAL Y LOCAL, por Antonio Sánchez Villatoro

El 28 de junio de 2004 se celebra en la sede del PSOE local una Asamblea. Aunque el “orden del día” de la misma no figura la dimisión del anterior secretario general. Pues hete aquí que, posteriormente, por un escrito del PSOE provincial se comunica que dicho secretario general ha presentado su dimisión y con él toda LA EJECUTIVA y se me dice: Desde la comisión Ejecutiva Provincial, queremos que sepas que estamos trabajando en el proceso de renovación de los órganos de tu municipio, según marcan nuestros reglamentos”

Mentira y pucherazo. Los reglamentos, cuando el secretario general dimite, dicen claramente que se tiene que constituir una Comisión Gestora que será la encargada de poner en marcha el proceso para la elección de una nueva Ejecutiva. Esta Comisión Gestora, a pesar de las innumerables veces que, mediante emails al Provincial, de los que no obtuve respuestas, solicitaba que me indicarán cuándo se iba a constituir. Pues nunca se constituyó.

Envío email al provincial con fecha 05/07/2024, solicitando, al amparo del Estatuto y Reglamento del PSOE, se me informe sobre:
*Creación de la Comisión Gestora y compañeros que la van a formar.
*Artículos de los Estatutos y Reglamento que se van a aplicar para la elección de la nueva Ejecutiva.
*Medios y recursos que están a disposición de los militantes que, presuntamente quieran presentar de candidatura.
*Acceso al censo de la Agrupación para que todos los militantes puedan concurrir en igualdad.

Pues nada, o sea: silencio y sigue el pucherazo.

Con fecha 02/09/2024 se dirige, por el Provincial escrito a la militancia por el que se convoca Asamblea Informativa. Aquí ya no sé si sigue el pucherazo o es ignorancia. Ni en el Estatuto ni en el Reglamento del PSOE, existen asambleas informativas

Seguimos. Se convoca Asamblea Extraordinaria para la elección de la nueva Ejecutiva. En la misma se dice cuando termina el plazo de presentación de candidaturas. No hay ningún documento oficial que diga cuando se abrió el plazo.


Ante tal cúmulo despropósitos, y habiendo solicitado, en numerosas ocasiones por email y WhatsApp, desde octubre de 2024 poder consultar las actas de las Asambleas al amparo del art. 259. 3 “Las Actas de las Asambleas agrupadas por orden cronológico serán archivadas y custodiadas en la sede de la agrupación, pudiendo ser consultadas por todos los/asmilitantes de estos transcurridos 6 días naturales desde la celebración de la Asamblea”

Siendo el silencio de la Ejecutiva la única respuesta hasta el 25 de mayo que se me contesta por WhatsApp. Al final expondré mi última solicitud y la respuesta de la Ejecutiva

Ayer, 29/06/2024 voy a la Asamblea convocada por la Ejecutiva Local para enterarme personalmente de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo en el Partido y pido pedir intervenir para exponer y aclarar varios temas amparándome en el artículo 3 de los Estatutos Federales que dice:
“Artículo 3. Principios organizativos comunes.
“2. El respeto a la libertad de conciencia y a la libertad de expresión en el seno del Partido de cada afiliado y afiliada. Se garantiza la total libertad de discusión interna, tanto a cada afiliado/a individualmente como a través de las diferentes corrientes de opinión…”


Pues bien, no se me deja intervenir. Y, en consecuencia, abandono la Asamblea.

Esta es textualmente la solicitud última que hice el 23 de mayo pasado por WhatsApp al PSOE local:

“Son numerosas las veces que, al amparo del artículo 259.3 del Reglamento de Desarrollo de los Estatutos Federales, os estoy pidiendo poder consultar las actas de las Asambleas celebradas: el 28/06/2024 y el 13/09/2024. Hasta ahora no se me ha contestado. De seguir así me veré obligado a presentar un recurso por vía judicial”

Esta es también textualmente la respuesta que recibí WhatsApp el 25 de mayo pasado de la Ejecutiva Local

“Antonio, no entendemos la finalidad de tener esas actas. Como sabes estamos intentando recomponer la agrupación, que fue totalmente partida y abandonada por los anteriores. Vamos a consultar en la Ejecutiva tu petición y te contestamos en breve. Hasta dentro de 10 días no nos reunimos. Contamos contigo para que aportes tu experiencia y tus conocimientos, somos un equipo renovado. Y lo primero era, como Jacob te indicó, cambiar asesoría y portavocía. Ahora estamos reformando sede, haciendo programa y haciendo acciones políticas en barrios y colectivos. Recuperar el socialismo de verdad. Y para ello te necesitamos. No sabemos si las actas las quieres para intentar tumbar lo nuevo construido o qué. En fin, ojalá te añadas al equipo. Eres valioso.”

Yo sigo siendo socialista y militante del PSOE.

Antonio Sánchez Villatoro

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