En plena tormenta económica por el conflicto en Irán, la sensación general es de impotencia. Miramos los informativos y parece que la subida de la gasolina o de la cesta de la compra es una fuerza de la naturaleza ante la cual solo podemos agachar la cabeza. Pero la realidad es otra: el mercado no es una máquina, es la suma de nuestras decisiones. Ante la inflación, no somos víctimas, somos actores con poder para romper la profecía autocumplida.
La trampa del miedo y el caso de Irán:
La profecía autocumplida funciona así: escuchamos que habrá escasez por la guerra y corremos a llenar el depósito o la despensa "antes de que suba más". Ese pánico genera una demanda brutal de golpe, lo que da la excusa perfecta a las empresas para subir los precios de inmediato. Nosotros mismos, movidos por el miedo, validamos y aceleramos la subida.
En la crisis actual de Irán, estamos viendo cómo los precios en el surtidor suben preventivamente, mucho antes de que el coste real del crudo haya afectado a la producción. Si reaccionamos con acopio, alimentamos la especulación. Pero si actuamos con "cabeza fría" y reducimos el consumo de forma estratégica (usando transporte público o compartiendo coche), enviamos una señal clara: no vamos a aceptar precios inflados por el ruido de los tambores de guerra. Debemos pasar de ser "compradores asustados" a ser "ciudadanos conscientes".
El papel de Moncloa: El "Escudo" no basta sin el ciudadano:
Ante este escenario, el Gobierno despliega lo que llamamos el Estado Social. Su función es intervenir para que la crisis no la paguen los más vulnerables. Las medidas suelen ser tres:
1. Topes y bonificaciones: Como el "Mecanismo Ibérico" para que el gas de Irán no dispare la luz, o descuentos directos en el combustible.
2. Impuestos a los beneficios extra: Gravar las ganancias extraordinarias de eléctricas y bancos para que ese dinero vuelva a la gente en forma de cheques de ayuda o transporte gratuito.
3. Vigilancia de márgenes: Controlar que las gasolineras no apliquen el "efecto cohete" (subir rápido con la noticia) y el "efecto pluma" (bajar lento cuando el crudo cae).
Sin embargo, estas medidas son solo la mitad de la solución. De nada sirve que el Gobierno bonifique el transporte si nosotros no lo usamos para castigar el precio del petróleo. De nada sirve vigilar los precios si el consumidor, por pánico, acepta pagar cualquier cifra.
Las tres reglas de la resistencia real:
Para que las medidas de Moncloa funcionen y tu economía doméstica no sufra, la clave es la soberanía del consumidor:
● No compres bajo presión: Si no es urgente, no llenes el tanque ante el primer rumor. El miedo es el mejor aliado del especulador.
● Sé elástico: Busca alternativas. Cada vez que decides no usar el coche o cambiar una marca cara por una justa, estás "votando" contra la inflación.
● Exige transparencia: Infórmate. Como advierte Noam Chomsky, el miedo mediático busca convertirnos en un "rebaño desconcertado". Un ciudadano que entiende por qué suben los precios de las cosas es mucho más difícil de engañar.
Conclusión:
La crisis de Irán es real, pero nuestra respuesta no tiene por qué ser el pánico. El Estado pone las reglas y las ayudas, pero somos nosotros quienes, con un consumo racional y frío, tenemos la última palabra. Si no hay compradores a precios locos, los precios locos no se sostienen. Tu bolsillo es, hoy más que nunca, una herramienta de defensa civil.
REFERENCIAS:
Chomsky, N. (2002). Fabricando el consenso: El control de los medios masivos de comunicación.
https://lascampanas.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/03/chomsky-fabricando-el-consenso.pdf
Fernando Manuel García Nieto
Sr. Pedro Sánchez: Me dirijo a usted con el debido respeto y con una pequeña duda matemática que, siendo usted presidente del Gobierno y economista de formación, seguro podrá aclarar mejor que nadie.
En relación con sus declaraciones en rueda de prensa sobre el impacto de una posible bajada del IVA en gasolina y gasóleo, afirmó que el ahorro podría alcanzar los 30 céntimos por litro y unos 20 euros por depósito medio. Una cifra, sin duda, atractiva… aunque algo difícil de encontrar cuando uno hace las cuentas.
Tomando un caso exigente —2 euros por litro con el IVA actual del 21%—, al aplicar un IVA del 10%, el precio final se situaría aproximadamente en 1,82 euros por litro. Es decir, el ahorro real ronda los 18 céntimos por litro.
Si llenamos un depósito medio de 50 litros, el resultado se queda en unos 9 euros de ahorro. Que no está nada mal, pero tampoco parece llegar a esos 20 euros anunciados… salvo que el depósito tenga el doble de capacidad o las matemáticas hayan decidido evolucionar por libre.
Entiendo que gestionar un país es bastante más complejo que hacer una división, pero precisamente por eso, cuando se ofrecen cifras concretas a los ciudadanos, se agradece que cuadren.
Por ello, le agradecería que pudiera aclarar o rectificar estos datos, más que nada para que todos —incluidos los que paramos en la gasolinera— podamos entender exactamente de qué estamos hablando.
Reciba un cordial saludo,
Vicente Dalda
20 de marzo de 2026
Por protocolo exigido, he pasado dos horas en la sala de espera (exactamente un pasillo con espacio justo para unos bancos pegados a la pared y el paso de una camilla) de un hospital para una prueba diagnóstica. Pacientes y acompañantes se renovaban conforme accedían a las consultas y se marchaban una vez hecha la prueba. Diez o quince minutos de media por paciente, excepto yo, que tenía que esperar dos horas. Sin problema: leyendo un libro o merodeando por la prensa en el móvil se pasa el tiempo volando. Ésa es la teoría.
En la práctica, España es un país mediterráneo de los que la altanería del norte llamó P.I.G.S. cuando los “hombres de negro”, enviados por la troika (CE, BCE y FMI), robaban la Sanidad, la Educación, la Dependencia, las Pensiones y todo lo público. En plena estafa, mal llamada crisis, contaron con el beneplácito complaciente de Rajoy, Montoro o Moreno Bonilla y el fervoroso aplauso de la banca y la CEOE, de los mercados. En un país mediterráneo ocurre que sus gentes son proclives a elevar la voz en bares, en comercios, en el transporte público, en plena calle… y, ¡cómo no!, en la sala o pasillo de espera de un centro sanitario.
Imposible prestar atención al libro o a las noticias. Los pacientes, cuando no la una, el otro, tardaban poco en entablar conversaciones sobre temas varios, sobre todo relacionados con asuntos médicos, como es natural, de los que cualquiera de los presentes tenía ideas clarísimas e irrebatibles sobre cómo debería funcionar el SAS, incluyendo las competencias profesionales del personal sanitario, sin hacer referencia al deterioro del sistema desde que Moreno Bonilla aplica el catecismo neoliberal. Ciento veinte minutos mordiendo la lengua.
Dos conversaciones destacaron por contenido, número de participantes y volumen de voz, a imagen y semejanza de las tertulias de radio y TV. Una a mi lado y la otra a unos cuatro metros de distancia. Una de dos hijas, la madre y dos jóvenes sentadas a mi otro lado. La otra entre dos pacientes y sus acompañantes. Una sobre los temas médicos que las han llevado allí. La otra sobre… en un par de párrafos se verá. Ambas conversaciones acabaron igual, en seco, con la llamada a las pacientes para pasar a consulta. Entremos en detalles.
Conversación 1. Anciana con deterioro cognitivo acompañada por dos hijas cincuentonas. Un auxiliar de clínica les da un litro de agua en tres vasos para que los beba la abuela antes de la prueba. La hija de la voz cantante, que ya había comentado lo absurdo de la prueba y que no tenía que haber llevado a su madre, estalla en cuanto desaparece el auxiliar. Según ella, nadie había dicho que le iban a hacer esa prueba ni que tenía que beber antes. “Los médicos van a lo suyo y los pacientes les importamos un pito… si fueran sus madres no actuarían así”. “Como mi madre, que tiene un brazo destrozado por la quimio y las enfermeras se empeñan en pincharle en ese brazo” se suma la de mi otro lado elevando la voz para salvar la distancia. La anciana se debate entre el vaso y las arcadas producidas al beber, la voz cantante amenaza con llevársela sin hacerle la prueba y yo pienso que los caminos a la eutanasia son insondables. Sale el auxiliar y dice que con un vaso es suficiente, que pasen… y entran sumisas a la consulta. Fin de la historia.
Conversación 2. Repaso a la geopolítica internacional y la repercusión en los bolsillos. “Le están dando para el pelo a los iraníes… los chinos están a la espera… lo de Trump es una mezcla de negocio y locura… y lo de Israel es pura codicia para quedarse con todos los territorios que la rodean”. El paciente lo tiene clarísimo y repite el argumentario cambiando el orden de los asuntos. Una acompañante corrobora sus palabras con una fórmula que suena obsoleta en tiempos de los smartphones y de la inteligencia artificial: “¡lo han dicho en la tele!”. “Sí –afirma otra paciente a su lado–, yo lo he oído en la radio cuando venía en el coche”. Sólo faltó un joven mostrando en su móvil un vídeo meme de TikTok sobre el tema.
Así dos horas en las que no faltó un celador buscando al hijo perdido de un paciente octogenario, un paciente que deja de presionar el punto donde estaba la vía un minuto antes y mancha de sangre la ropa, el asiento y el suelo, el llanto histérico de un bebé atravesando la puerta de una consulta… en fin: cosas que pasan un día cualquiera.
Pepe Morales
¿Qué sostiene a un policía cuando el peligro aprieta? No es solo el equipo ni el reglamento, sino el hilo invisible que lo une a sus compañeros.
Se dice con frecuencia que la policía es una gran familia, pero para quien no ha portado nunca una placa, esa frase puede sonar a eslogan vacío. Sin embargo, la realidad que se vive dentro de un coche patrulla en servicio de emergencia, o en un dispositivo de control durante la madrugada, es mucho más profunda. Es un ecosistema de confianza ciega donde la lealtad no es una opción de cortesía, sino el aire que permite respirar en medio del caos. Porque, aunque el uniforme proyecte seguridad, debajo de la placa hay una persona que siente, que duda, y que a veces tiene miedo.
Esa relación comienza en el binomio, en ese compañero que se sienta al lado y que deja de ser un colega para convertirse en un seguro de vida. En la calle, cuando la situación se tensa y el corazón se acelera, el miedo es una sombra constante. Reconocerlo frente a los demás es difícil, pero compartirlo con el compañero es lo que crea un vínculo indestructible. Solo quien ha sentido ese nudo en el estómago ante un aviso de alta prioridad sabe que la verdadera valentía no es la ausencia de temor, sino saber que tienes a alguien al lado que siente lo mismo y que, aun así, no te va a dejar solo.
Este apoyo psicológico es silencioso y vital. Solo otro agente es capaz de entender el peso de lo que se ve y se calla. Es en esos momentos de vulnerabilidad compartida donde la lealtad se vuelve sagrada. Y ese lazo no entiende de fronteras administrativas: cuando un aviso de auxilio suena en la radio, no importa si quien responde es un Policía Nacional, un Guardia Civil o un Policía Local. En ese instante, las jurisdicciones se borran y solo queda la identidad compartida de quien sabe lo que es estar en la línea de peligro.
A pesar de las sombras, la esencia de la práctica policial descansa sobre la integridad de quienes eligen el honor frente al individualismo. La sociedad debe saber que la seguridad de nuestras calles se sostiene gracias a ese compromiso invisible de protección mutua. Al final del turno, el mayor galardón no es la medalla que se otorga desde un despacho, sino la mano de un compañero que te confirma que, en el momento más dificil, tu lealtad valió más que cualquier ambición personal.
No puedo concluir sin dedicar unas palabras de profundo reconocimiento y gratitud a mis compañeros y compañeras de todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad.
Independientemente del uniforme, nos une el mismo compromiso de servicio y la vocación de proteger a la ciudadanía. Gracias por vuestra entrega diaria, por el sacrificio que a menudo pasa desapercibido y por ser el apoyo incondicional en los momentos de mayor dificultad.
Es un honor compartir camino y valores con profesionales de vuestra talla. Gracias por estar siempre ahí.
Fernando Manuel García Nieto
Lucena, 12 de marzo de 2026
Sr. Alcalde, D. Aurelio Fernández, Sras. y Sres. Concejales del Ayuntamiento de Lucena:
El pasado 14 de enero de 2026, siguiendo escrupulosamente las indicaciones del propio Ayuntamiento de Lucena para comunicar incidencias en la vía pública, remití un aviso al número oficial habilitado por el Ayuntamiento para este fin (+34 638 76 88 51) mediante WhatsApp.
En dicho aviso informaba de los graves desperfectos existentes en las vallas de protección del parque infantil situado en la calle Fuente Obejuna, junto al arroyo de Agua Nevada, adjuntando varias fotografías donde se aprecia con claridad el estado de deterioro de dichas vallas.
Estas vallas delimitan la zona próxima al arroyo Maquedano, donde existe un talud de considerable altura, lo que convierte su mal estado en un riesgo evidente para los menores que utilizan el parque.
La preocupación no es meramente teórica. He podido observar personalmente cómo niños acceden a través de las aberturas de la valla para bajar hacia el arroyo “a explorar”, con el consiguiente peligro de caída o accidente grave.
Han transcurrido casi dos meses desde que esta situación fue comunicada por el canal oficial habilitado por el propio Ayuntamiento, sin que hasta la fecha se haya procedido a reparar o asegurar adecuadamente dicha zona.
Cuando se trata de instalaciones destinadas a menores y de riesgos perfectamente identificados, la obligación de la administración municipal es actuar con diligencia inmediata, evitando que una situación conocida pueda derivar en una desgracia.
Por ello considero necesario recordar públicamente que, desde el momento en que el Ayuntamiento fue advertido formalmente de este riesgo, la responsabilidad de adoptar las medidas necesarias para evitar posibles daños recae en quienes ostentan las competencias de gobierno y gestión municipal.
En consecuencia, mediante esta carta abierta dejo constancia de que la Corporación Municipal, y en particular la Alcaldía como máxima responsable de la administración local, tiene conocimiento previo de una situación de riesgo que afecta directamente a la seguridad de menores en un parque infantil.
Confío en que no sea necesario esperar a que ocurra un accidente para que se actúe. La prevención es una obligación básica de cualquier administración pública, y más aún cuando se trata de proteger a niños en espacios que el propio Ayuntamiento ha habilitado para su uso.
Por todo ello, solicito que se proceda con carácter urgente a la reparación o sustitución de las vallas de protección en dicha zona, garantizando así la seguridad de los menores y la tranquilidad de las familias que utilizan este parque.
Atentamente,
Vicente Dalda
Sevilla ha sido, y es, la capital del populismo andaluz. Allí sentaron sus reales en el pasado personajes como Pepote de la Borbolla, Manolo Chaves, Susana Díaz o González–Guerra, y hoy ha tomado el relevo Juanma. Recordemos que Moreno Bonilla accedió al poder gracias a la nefasta gestión sanitaria de Susana en Granada donde el populismo activista del impresentable Spiriman sacó a la calle a 40.000 personas entre insultos a quien le llevara la contraria, bulos y desinformación, un fachatuber precursor de Alvise o Vito Quiles.
Es objetivo prioritario del neoliberalismo desmantelar los servicios públicos para entregarlos a la iniciativa privada, como lleva ocurriendo en Valencia, Galicia, Murcia o Madrid desde que gobierna el PP o en Cataluña con los gobiernos de CiU y sus sucesivas mutaciones. La Educación y la Sanidad públicas son para los neoliberales objetivos preferentes a la hora de desmantelar, privatizar, favorecer a empresas privadas y perjudicar a la ciudadanía en general. “No es nada personal, son los negocios”, que diría cualquier mafioso entre dientes.
Como Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad (2011–2014), Juanma ejecutó recortes en la Ley de Dependencia reduciendo prestaciones para cuidados y eliminando la cotización a la S.S. de las cuidadoras no profesionales. Desde su llegada a San Telmo, el ataque a la Sanidad y la Educación ha sido brutal. De entrada, obsequió a la gerente de Relaciones Institucionales de Bidafarma (su esposa) con la suspensión de la subasta de medicamentos. Ni Peinado ni la UCO meterán jamás la nariz en ese tálamo presidencial.
Con Juanma, la Sanidad Pública en la provincia de Córdoba mengua a la vez que crece la privada. Hay 14 hospitales, la mitad en la capital, con 2.373 camas de las que 1.719 están en los públicos y 654 (27,5%) en los privados, 196 de éstas están en el hospital Centro de Andalucía de Lucena. Los privados cuentan con 1.300 profesionales sanitarios (el dato varía según las fuentes) mientras que los públicos alcanzan la cifra de 8.500 profesionales. En equipamiento sanitario, el Reina Sofía solo supera en mucho la suma de todos los privados.
Otro indicador impulsado por las políticas sanitarias de Moreno Bonilla son los seguros médicos privados contratados que eleva al 23% los cordobeses que cuentan ya con una póliza médica privada. El incremento del negocio de la sanidad privada ha sido del 35% en la última década, acelerado desde que el PP llegó al poder fruto del deterioro perpetrado a la atención primaria y especialidades en la pública y del desvío de dinero público a la privada. Bajo su mandato, las listas de espera han aumentado y afectan a 82.730 personas.
Con toda la pinta de manejar información privilegiada, en Lucena se ha obrado el milagro de la reconversión del hotel Prestige en hospital en tiempo récord, conservando el tratamiento de clientes a los usuarios, a lo que hay que añadir la proliferación de decenas de pequeñas clínicas y chiringuitos sanitarios. El neoliberalismo promueve el deterioro y la privatización de los servicios públicos, lo que explica la negativa de Juanma y el PP a otorgar a Lucena el Hospital de Alta Resolución prometido y merecido como complemento del Infanta Margarita.
Personas incautas, votantes en muchos casos de la derecha, tras pagar un seguro privado y requerir sus servicios se encuentran con listas de espera similares a las de la pública, con que su historial médico excluye determinados tratamientos u operaciones o con que en una segunda visita el mismo mes les advierten de que la siguiente se cobra. Juanma ha puesto la Sanidad en manos de Antonio Sanz (¿lo recuerdan manifestándose con Arenas en la Plaza Nueva para exigir el hospital para Lucena?), capaz de justificar ante “su” Justicia los contratos sanitarios troceados y de atacar a AMAMA tras el escándalo de los cribados.
Solís privó a Lucena del Infanta Margarita, Juanma le niega el HARE y Aurelio prioriza su carrera política en Sevilla y Madrid por encima de los intereses de sus paisanos.
Salud.
Pepe Morales
