Con el runrún de fondo de que el cambio climático es un bulo que sólo busca perjudicar a la industria de las energías no renovables, en especial a la de los combustibles fósiles, he alternado el último tango de Messi con las olas de calor, la constatación de que en el ámbito futbolero el deporte es algo cada vez más residual, la evidencia de que la economía es una eficaz mordaza y la confirmación de que la geopolítica contamina cualquier cosa que toque.
Asqueado por la corrupta injerencia de los infantinos y las FIFAs, por la consentida soberbia del criminal naranja que preside los EE.UU. y la vergüenza ajena por el salto de M. Rajoy desde su papel de bufón de los recortes al de payaso diabólico propagandista de ideas neofascistas, mi interés por el mundial fue disminuyendo a medida que subía el termómetro. De hecho, no vi la semifinal contra Francia ni la final contra Argentina, sólo los resúmenes.
Mientras atronaban la madrugada los cohetes de celebración –para terror de personas con autismo, desgracia de mascotas, riesgo de incendio de solares y eriales sin desbrozar y otros daños colaterales asociados al primitivismo pirotécnico–, atronaban mi cabeza los millones de euros que supondría reemplazar las camisetas blancas y rojas con una sola estrella, compradas para la ocasión, por las nuevas con dos. Urgen los selfis para las redes.
Y también atronaron mi cabeza los registros a jugadores de la selección de Uzbekistán, la retención de un futbolista iraquí, la prohibición de entrada a territorio KKK del árbitro somalí Artan, el control con perros a la selección de Senegal en la pista del aeropuerto, el maltrato a la selección iraní, la denegación de visados a periodistas mayoritariamente africanos y la bocaza del ultra M. Rajoy negando la nacionalidad francesa a jugadores nacidos en Francia.
Asqueado por todo lo expuesto, además del conato de prohibición del castellano en las ruedas de prensa o de la indecente cifra de 15.000 millones US$ ingresados por la FIFA en concepto de publicidad, decidí aislarme en la medida de lo posible de tal disparate político y económico al que se suma la Prioridad Nazi-o-ná que convierte en dianas a Nico Williams (por negro), a Yamine Lamal (por negro y musulmán), a Laporte (por gabacho) y a unos cuantos indepes vascos y catalanes que no representan a la España Grande, Libre y Facha.
Abrumado por la triste realidad española y mundial, leí, el mismo día de la final, la entrevista en Cordópolis a Ángel Parejo, antítesis lucentina de la Prioridad Nazi-o-ná. Su labor en Infancia Solidaria, volcada en salvar vidas infantiles de África y Sudamérica, ha tropezado con la maniobra del Ayuntamiento (PP), del Alcalde Aurelio y de la Diputada de Derechos Sociales Irene, para meter la subvención de 25.000 € a Infancia Solidaria (o la de la Asociación de Alzheimer Nuestros Ángeles, trampolín político de la Diputada y florero electoral del Alcalde) en el mismo saco de las intocables cofradías y otras que dan votos a la Prioridad Nazi-o-ná y les reservan las plazas del postureo en misas, pregones y ofrendas.
Los corazones heridos, rotos en muchos casos, de inocentes niños olvidados, odiados en muchos casos, y las personas con sensibilidad que entregan los suyos al noble empeño de salvar vidas ajenas, se enfrentan a quienes dedican sus vidas a darse golpes en sus pechos huecos, vacíos, sin un corazón o algo que se asemeje. Unos 25.000 € costó restaurar un trono de santo (sólo el pan de oro), 3.600 € donó la Cooperativa Olivarera para restaurar el manto de la patrona (sólo una parte): son el coste de un año de actividad para salvar vidas y el de traer a una personita enferma del corazón para ser operada. Siempre hay Prioridades.
¿A cuántas vidas infantiles salvadas o personas atendidas cuando su mente deteriorada las convierte en una carga zombi para su entorno familiar equivale renovar las camisetas con dos estrellas bordadas en el corazón? Haga la cuenta de corazón y analice sus Prioridades.
Gracias a Ángel y a todas las personas que trabajaron, trabajan y trabajarán como voluntariado con el quijotesco convencimiento de mejorar un mundo cada día más inhóspito, egoísta y salvaje y con la férrea voluntad de servir al prójimo en lugar de servirse de él. Hoy sois objetivo a batir por la Prioridad Nazi-o-ná como recoge la Ley aprobada por les Corts Valencianes (PP/Vox), y que aprobarán todos los territorios PP/Vox, legitimando el odio al diferente, al más necesitado, en una España cerrada, en extremo católica y poco cristiana. No cuentan con que el pensamiento y la ternura tienen alas y nadie puede detener su vuelo.
Vuestras camisetas llevan bordada toda una galaxia en el corazón. No sabíais que era imposible, por eso lo estáis consiguiendo.
Pepe Morales
La experiencia de los agentes cívicos nocturnos en la ciudad de Sevilla abre el debate sobre nuevas formas de reforzar la convivencia, la prevención y la proximidad desde el ámbito municipal, complementando la labor de los cuerpos policiales y mejorando la atención a la ciudadanía.
En los últimos años, los vecinos de muchos municipios vienen demandando una mayor atención a cuestiones que influyen directamente en su calidad de vida: la convivencia en los barrios, la atención a las personas vulnerables, el cuidado de los espacios públicos y una presencia más cercana de los servicios municipales en la calle. Se trata de situaciones que, aunque no siempre constituyen problemas de seguridad en sentido estricto, sí afectan a la percepción de tranquilidad y bienestar de la ciudadanía.
Esta realidad obliga a las administraciones locales a buscar nuevas fórmulas de actuación que complementen el trabajo que ya realizan los distintos servicios públicos. En este contexto han surgido iniciativas destinadas a reforzar la presencia institucional en el espacio público mediante figuras de proximidad. Una de las experiencias más interesantes es la puesta en marcha de los denominados agentes cívicos en ciudades como Sevilla, una iniciativa que muchos identifican con una adaptación moderna de la antigua figura del sereno.
Como profesional de la seguridad local, observo este tipo de proyectos con interés. No porque supongan una alternativa a la función policial, sino precisamente porque pueden convertirse en un complemento útil dentro de un sistema de seguridad moderno, coordinado y adaptado a las necesidades actuales de los ciudadanos.
La experiencia diaria demuestra que una parte importante de las incidencias que generan preocupación vecinal no requiere necesariamente una intervención policial inmediata. Personas mayores que necesitan orientación, ciudadanos que precisan ayuda o acompañamiento, conflictos de convivencia de escasa entidad, incidencias relacionadas con el mobiliario urbano o situaciones que simplemente necesitan ser comunicadas al servicio municipal competente forman parte de la realidad cotidiana de cualquier ciudad.
La presencia de agentes cívicos puede contribuir a detectar estas situaciones de manera temprana y canalizarlas hacia los recursos adecuados. Su labor se sitúa en el ámbito de la información, la mediación y el acompañamiento ciudadano, desempeñando funciones que favorecen la convivencia y mejoran la capacidad de respuesta de la administración local.
Desde mi punto de vista, uno de los principales beneficios de esta figura es que refuerza la presencia de los servicios públicos en la vía pública sin generar duplicidades. Los agentes cívicos nocturnos no sustituyen a la Policía Local ni ejercen funciones de autoridad. No realizan tareas de seguridad ciudadana ni intervenciones policiales. Su misión es distinta y, precisamente por ello, puede resultar valiosa.
Cuando las responsabilidades están claramente definidas, todos los servicios salen beneficiados. La Policía Local puede concentrar sus recursos en aquellas funciones para las que está específicamente formada y legalmente habilitada, mientras que los agentes cívicos desarrollan tareas preventivas, de mediación y de atención directa a los vecinos.
Además, este tipo de iniciativas puede aportar un elemento especialmente importante: la cercanía. Muchas personas se sienten más cómodas trasladando determinadas cuestiones o preocupaciones a una figura de carácter asistencial y orientador. En ocasiones, una conversación, una información adecuada o la detección temprana de un problema pueden evitar que una situación de convivencia termine convirtiéndose en un conflicto de mayor entidad.
Como señalan diversos estudios sobre seguridad urbana impulsados por la Federación Española de Municipios y Provincias, la percepción de seguridad no depende únicamente de la reducción de la delincuencia, sino también de factores como la cohesión social, la calidad del espacio público y la capacidad de los servicios municipales para responder a las necesidades cotidianas de los vecinos. Esta visión más amplia de la seguridad explica el creciente interés por fórmulas que refuercen la prevención y la proximidad desde el ámbito local.
Por supuesto, cualquier proyecto de estas características debe implantarse con prudencia. Es fundamental evitar confusiones sobre las funciones de cada colectivo y garantizar una coordinación eficaz entre todos los servicios municipales. También resulta importante que estas figuras no sean percibidas como una alternativa a la necesaria dotación de efectivos policiales ni como una fórmula para reducir recursos en materia de seguridad.
Sin embargo, rechazar estas experiencias únicamente por ese riesgo supondría ignorar una realidad que ya se observa en numerosas ciudades europeas. La seguridad urbana es cada vez más un concepto amplio que engloba prevención, convivencia, atención social, mediación y colaboración entre distintos profesionales.
Los ciudadanos no solo demandan una respuesta eficaz cuando se produce una emergencia o una infracción. También esperan que las administraciones sean capaces de prevenir problemas, atender situaciones de vulnerabilidad y mantener una presencia cercana y accesible en sus barrios.
La seguridad se construye cuando interviene una patrulla policial, pero también cuando una persona vulnerable recibe ayuda, cuando un conflicto vecinal se resuelve antes de agravarse o cuando una incidencia urbana se detecta y comunica a tiempo. Todas esas actuaciones contribuyen a generar confianza y a mejorar la percepción de seguridad de la ciudadanía.
Por ello, considero que experiencias como la desarrollada en Sevilla merecen ser analizadas con atención. No representan una sustitución del modelo policial tradicional, sino una posible evolución de las políticas municipales de proximidad y convivencia. Bien diseñadas, adecuadamente dotadas y coordinadas, pueden convertirse en una herramienta útil para mejorar la calidad de vida de los vecinos y fortalecer la relación entre la ciudadanía y sus instituciones.
La cuestión no es si los agentes cívicos deben sustituir a la Policía Local, porque claramente no están llamados a hacerlo. La verdadera reflexión consiste en determinar cómo pueden colaborar distintos profesionales para ofrecer una respuesta más completa a los desafíos cotidianos de nuestras ciudades.
Porque una ciudad más segura no es únicamente aquella que dispone de medios para actuar cuando surge un problema. Es, sobre todo, aquella que cuenta con recursos capaces de prevenirlo antes de que aparezca.
Nota del autor :
La reflexión contenida en este artículo se apoya en la documentación y estudios elaborados por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) sobre seguridad local y convivencia ciudadana; en diversas publicaciones del Foro Europeo para la Seguridad Urbana (EFUS) relativas a prevención, mediación y seguridad urbana de proximidad; en la Estrategia de Seguridad Nacional de España; y en la información institucional difundida por el Ayuntamiento de Sevilla sobre la implantación y desarrollo del programa de agentes cívicos.
Fernando Manuel García Nieto
Se llama tradición a la transmisión de costumbres de una generación a otra. Lo mismo se aplica el término al sometimiento voluntario al escarnio público de un grupo de jóvenes en grotescas despedidas de soltera/o (en auge) o a la celebración del fin de la siembra o de la cosecha (hoy, casi en desuso). A las tradiciones se les atribuyen peculiaridades que las sitúan entre los sortilegios y las supersticiones. Suele ocurrir en sociedades con arraigadas prácticas rituales promovidas por quienes se valen de lo espiritual para distraer a las masas.
La historia es una sucesión de procesos de sustitución de unas tradiciones por otras como fórmula de conquista y sometimiento, a menudo acompañados por el ejercicio de la fuerza y una espiral de miedo, odio, devastación y muerte. A pesar de su naturaleza conservadora, las tradiciones suelen cambiar su sentido original para adaptarse a cada momento histórico en cada lugar. Las religiones son el mayor exponente de apropiación y resignificación de las tradiciones populares a todo lo largo de la Historia en cada uno de los cinco continentes.
En lo que se conoce como “cultura occidental”, una de las tradiciones más reconocibles y polivalentes, la misa, se construye como rito sobre prácticas similares previas basadas en el totemismo, un conjunto de creencias y hábitos espirituales y sociales vinculados a un tótem. El término tótem se aplica a seres, objetos o símbolos erigidos en emblemas grupales de familias, clanes, linajes o tribus, siendo el totemismo una expresión espiritual primigenia similar al chamanismo, el animismo y otros fenómenos “religiosos” en sociedades arcaicas.
Las misas, en un principio, como los ritos a los que reemplazaron, buscaron la catarsis colectiva en torno a la idea de sacrificio y el miedo a la muerte, induciendo emociones y sentimientos hábilmente dosificados. Como todos los rituales, las misas tienen unas formas reconocibles y también unas disidencias que se van tolerando con el tiempo para evitar la fuga de creyentes y la pérdida de privilegios. España, sin el yugo nacionalcatólico, vivió una liberación en lo político y en lo religioso que se ha trasladado a la dominical misa de las 12.
Cumplir con las tradiciones –acudir a misa– por obligación es contraproducente, algo poco o nada recomendable. Es lo que ha sucedido con la misa de 12, la del gallo o las de la BBCf (bodas, bautizos, comuniones y funerales). La mayoría de los asistentes lo hacen por mero postureo social, a diferencia de otras misas donde la asistencia aún cuenta con el estímulo de la fe. La misa de 12 tiene a su favor el horario perfecto para permitir a las clases medias y altas practicar el noble arte de lucirse ante el pueblo en el templo antes de acudir al bar.
Que la fe es lo de menos, que el mensaje evangélico no va con la feligresía de las 12, que Jesucristo puede ser el enemigo infiltrado, que la palabra de dios es sólo la letra pequeña de un mal contrato social, se desprende de la clientela parroquial de esa misa en concreto. Las derechas, asiduas de la misa de 12, ponen velas a dios y al diablo, afean al Papa que predique el amor al prójimo, aplauden a genocidas y criminales, consideran el maltrato machista y la homofobia tradiciones irrenunciables y se ponen de perfil ante la pederastia.
El verdadero ídolo adorado por las derechas, esa gente de bien que exige la prioridad “nazi o ná”, no es más que la versión 4.0 del Becerro de Oro. Son una troupe de camellos intentando pasar por el ojo de la aguja, escribas y fariseos utilizando los templos para sus negocios, aprendices de Judas capaces de vender su patria al demonio de los aranceles.
Pepe Morales
El 28 de junio de 2004 se celebra en la sede del PSOE local una Asamblea. Aunque el “orden del día” de la misma no figura la dimisión del anterior secretario general. Pues hete aquí que, posteriormente, por un escrito del PSOE provincial se comunica que dicho secretario general ha presentado su dimisión y con él toda LA EJECUTIVA y se me dice: Desde la comisión Ejecutiva Provincial, queremos que sepas que estamos trabajando en el proceso de renovación de los órganos de tu municipio, según marcan nuestros reglamentos”
Mentira y pucherazo. Los reglamentos, cuando el secretario general dimite, dicen claramente que se tiene que constituir una Comisión Gestora que será la encargada de poner en marcha el proceso para la elección de una nueva Ejecutiva. Esta Comisión Gestora, a pesar de las innumerables veces que, mediante emails al Provincial, de los que no obtuve respuestas, solicitaba que me indicarán cuándo se iba a constituir. Pues nunca se constituyó.
Envío email al provincial con fecha 05/07/2024, solicitando, al amparo del Estatuto y Reglamento del PSOE, se me informe sobre:
*Creación de la Comisión Gestora y compañeros que la van a formar.
*Artículos de los Estatutos y Reglamento que se van a aplicar para la elección de la nueva Ejecutiva.
*Medios y recursos que están a disposición de los militantes que, presuntamente quieran presentar de candidatura.
*Acceso al censo de la Agrupación para que todos los militantes puedan concurrir en igualdad.
Pues nada, o sea: silencio y sigue el pucherazo.
Con fecha 02/09/2024 se dirige, por el Provincial escrito a la militancia por el que se convoca Asamblea Informativa. Aquí ya no sé si sigue el pucherazo o es ignorancia. Ni en el Estatuto ni en el Reglamento del PSOE, existen asambleas informativas
Seguimos. Se convoca Asamblea Extraordinaria para la elección de la nueva Ejecutiva. En la misma se dice cuando termina el plazo de presentación de candidaturas. No hay ningún documento oficial que diga cuando se abrió el plazo.
Ante tal cúmulo despropósitos, y habiendo solicitado, en numerosas ocasiones por email y WhatsApp, desde octubre de 2024 poder consultar las actas de las Asambleas al amparo del art. 259. 3 “Las Actas de las Asambleas agrupadas por orden cronológico serán archivadas y custodiadas en la sede de la agrupación, pudiendo ser consultadas por todos los/asmilitantes de estos transcurridos 6 días naturales desde la celebración de la Asamblea”
Siendo el silencio de la Ejecutiva la única respuesta hasta el 25 de mayo que se me contesta por WhatsApp. Al final expondré mi última solicitud y la respuesta de la Ejecutiva
Ayer, 29/06/2024 voy a la Asamblea convocada por la Ejecutiva Local para enterarme personalmente de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo en el Partido y pido pedir intervenir para exponer y aclarar varios temas amparándome en el artículo 3 de los Estatutos Federales que dice:
“Artículo 3. Principios organizativos comunes.
“2. El respeto a la libertad de conciencia y a la libertad de expresión en el seno del Partido de cada afiliado y afiliada. Se garantiza la total libertad de discusión interna, tanto a cada afiliado/a individualmente como a través de las diferentes corrientes de opinión…”
Pues bien, no se me deja intervenir. Y, en consecuencia, abandono la Asamblea.
Esta es textualmente la solicitud última que hice el 23 de mayo pasado por WhatsApp al PSOE local:
“Son numerosas las veces que, al amparo del artículo 259.3 del Reglamento de Desarrollo de los Estatutos Federales, os estoy pidiendo poder consultar las actas de las Asambleas celebradas: el 28/06/2024 y el 13/09/2024. Hasta ahora no se me ha contestado. De seguir así me veré obligado a presentar un recurso por vía judicial”
Esta es también textualmente la respuesta que recibí WhatsApp el 25 de mayo pasado de la Ejecutiva Local
“Antonio, no entendemos la finalidad de tener esas actas. Como sabes estamos intentando recomponer la agrupación, que fue totalmente partida y abandonada por los anteriores. Vamos a consultar en la Ejecutiva tu petición y te contestamos en breve. Hasta dentro de 10 días no nos reunimos. Contamos contigo para que aportes tu experiencia y tus conocimientos, somos un equipo renovado. Y lo primero era, como Jacob te indicó, cambiar asesoría y portavocía. Ahora estamos reformando sede, haciendo programa y haciendo acciones políticas en barrios y colectivos. Recuperar el socialismo de verdad. Y para ello te necesitamos. No sabemos si las actas las quieres para intentar tumbar lo nuevo construido o qué. En fin, ojalá te añadas al equipo. Eres valioso.”
Yo sigo siendo socialista y militante del PSOE.
Antonio Sánchez Villatoro
Cualquier excusa vale, para quedar con un amigo y compartir un rato, aunque este amigo sea gorrón inexcusable, apático cual solitaria lechuga servida en plato a la hora de la cena y misántropo empedernido, con título universitario y doctorado en insociabilidad. Y es que no siempre podemos elegir a los amigos, contra lo prevenido por la sabiduría popular, sino que nos vienen impuestos por el macabro capricho del destino, el negro humor del dios que fuere (tan negro como pueda estar el esfínter de un muerto) o el negocio diario del infortunio.
Después, la vida significa una indecente carga del gravamen (injusto) impuesto, que cada cual soporta o sobrelleva de acuerdo con sus capacidades, sus ánimos o su naturaleza. Quiero teclear que no se trata de una amistad de la que uno pueda desprenderse como calzoncillo corchado con palominos, se trata de una amistad adherida o intestina, inherente, en definitiva, a la existencia misma, únicamente extinguible por causa de la muerte, como matrimonio católico o hipoteca inmobiliaria. De ahí que, resultando ser amistad integrada a la propia presencia de la persona en el mundo (en el universo o en el multiverso), se torna en factor esencial de supervivencia, actuación a practicar por necesidad.
De tal modo, paseo con mi amigo Tito en este mediodía de sábado a lo largo de las casetas de la Feria del Libro, que visito un año más movido por la distracción o por cubrir el tiempo de compañía, hoy, y no tanto por el interés literario, demérito que mi amigo se preocupa de explotar. «¿Te alcanza el presupuesto del mes para comprar los cinco más vendidos de ficción? —Me interroga, socarrón—. Tres para ti y dos para mí, a sortear», remata, el hijoputa, con su habitual destreza en el arte del sable o del sablazo. Me lanza la propuesta mirándome de soslayo y un aire granuja en la comisura de los labios que acaba de curvar, mientras desliza con suavidad la yema de los dedos sobre las tersas cubiertas de los libros expuestos en el estand donde hemos parado, como si acariciara la sedosa piel de una mujer durante los prolegómenos del amor, al explorar sus líneas, catalizar su fiebre, alcanzar su sexo, en un ritual de excitación mutua antes de buscar la satisfacción. Luce el rostro lavado y fresco, la barba afeitada, todavía con un minúsculo resto de sangre encostrada en el ángulo de la mandíbula rastrillada por la cuchilla, y el pelo limpio, corto, invadido por innumerables canas, eufóricas ante la inminente victoria. Se ha cubierto la camisa arrugada con una cazadora azul marino que me ha pedido al recogerme en mi piso, o creo que ha tomado con capeo del permiso (ignoro si la recuperaré), como si un rey le hubiera expedido patente de corso. Y es que el tiempo se ha mudado desapacible, el cielo gris, ahuyentador de ángeles, encapotado y amenazante de tormenta, en un abril de contrastes, que transcurre indeciso y extremoso. Primaveral, al cabo.
Por toda respuesta, enarco una ceja, de circunstancias, consciente del agrado que le supone rascar urticaria ajena. «Vale, dejémoslo en tres —insiste con la chanza—. Dos para ti y uno para mí. Tú repartes». Me retiro sin poder evitar el gesto jocoso por las ocurrencias de mi amigo y esquivo a un par de visitantes que, maleducados y sin miramientos, arremeten hacia el expositor como si los volúmenes fueran a volatilizarse de manera instantánea. Tito escolta mi repliegue del evento, dando por culminada la visita. «Hubo una época en que los leíste —me recrimina, ufano—. Ese tipo de libros», se explica. «Te he entendido», afirmo, picado. Y no le falta razón. Entre finales de los noventa y primeros de los dos mil, devoré novedades de ficción encumbradas por las ventas como un bebé devora leche materna en la lactancia. «No obstante —replico—, supongo que me reconocerás que la ficción literaria actual no es como la de entonces». Al menos, y puedo estar equivocado, así me lo parece. La narrativa literaria ha cambiado, me da la impresión. El objetivo es idéntico: entretener; sin embargo, el estilo narrativo se ha vuelto conciso, básico y parco, porque, otros motivos aparte, no se escriben libros, sino guiones; incluso, alegando que conformamos generaciones que reciben multitud de estímulos visuales, prescinden de descripciones y ambientaciones, por ser labor del lector… o del diseñador de producción, claro. Los escritores de ficción actuales han variado la narrativa literaria para emplear una narrativa serial o cinematográfica. Piensan, luego, escriben como si estuvieran rodando una serie de televisión o una película. O, peor, escriben pensando trasladar la historia a una serie de televisión o una película. Adviértase que he recurrido al vocablo trasladar y no adaptar, puesto que no es ésta la intención. El propósito es dejar el trabajo hecho a los productores, directores y guionistas (si el escritor no es contratado para guionizar). O, de nuevo peor, el propósito es la metamorfosis de la novela a serie de televisión o a película, que es lo que realmente cautiva y concede pingües beneficios. Famoso y millonario, qué más se puede desear. Pero el lenguaje literario no es el lenguaje visual (serial o cinematográfico). Ambos son escritores, pero la voz del novelista no es la voz del guionista. El objetivo de las novelas, las series y las películas también ha de ser procurar al lector y al espectador que le apetezca un cierto esfuerzo analítico, y no son parámetros analíticos semejantes.
«Por eso me mantengo aislado en mis clásicos —le confirmo, algo que sabe—, feliz. Salvo un par de escritores vivos y mis amigos, a quienes he jurado fidelidad eterna». Tito rodea mis hombros con su brazo, amistoso, antes de espetarme la pulla: «Diría que eres un poco esnob». Nos detenemos cuando un grupo de niños, que corretean fascinados de tebeo en tebeo, obstaculiza nuestro camino. Ahora soy yo quien lo mira de soslayo: «Y yo diría que eres un poco gilipollas… O un mucho».
Julián Valle Rivas
A cualquier cosa le llaman hoy debate. Si al recoger los huevos en el gallinero doméstico las pitas se alteran y cacarean al unísono, alguien llamará a la situación debate aviar. Tal cual. La escena difiere muy poco de lo que habitualmente se ve en la televisión o se escucha en la radio y que los medios se empecinan en llamar “tertulia”. El summum del guirigay se escenifica, cada vez que hay ocasión, en las sedes de la soberanía popular: Congreso, Senado, parlamentos autonómicos, diputaciones y salones de plenos municipales.
A nada que se pegue el oído a las conversaciones cotidianas en el transporte público, las salas de espera, los comercios o las plazas, se constata que el contraste de opiniones, el debate, ha sido sustituido por un duelo a garrotazos de argumentarios mediáticos sin mayor profundidad de análisis ni comprensión por parte de quienes los cacarean. Los gallineros 3.0 son extensiones digitales en foros y redes sociales con más putrefacción en los suelos y palos donde picotean pollos y pollas bajo la mirada de los gallos y el acecho de las zorras.
La oratoria clásica, basada en la elocuencia, la retórica, y la dialéctica, ha sucumbido ante la facundia vana, la labia hueca, la palabrería estéril, la monserga iterativa, el parloteo vacío y el palique tabernario. La argumentación se limita a argumentarios partidistas “prêt-à-porter”, el razonamiento se mide en decibelios sin premisas y la lógica es algo obsoleto, sin utilidad. Las tertulias y los debates son diálogos de sordos cuyos participantes no se escuchan entre sí, empecinados en exponer sus propios puntos de vista sin prestar atención a los ajenos.
A la contrastada ineptitud discursiva de tertulianos e “influencers”, se añade la mamporrera y tendenciosa moderación de quienes dirigen estas tertulias obedientes y estos debates sumisos, cuando no militantes, donde se educa a la ciudadanía. La polarización es a la vez objetivo, hilo conductor y consecuencia de estos cacareos, como se puede comprobar en la calle, sea pontificando sobre fútbol, dogmatizando sobre Sanidad y Educación o enfatizando opiniones con poco fundamento sobre cualquier asunto que se ponga a tiro conversacional.
Especialistas en controversias artificiales, no dudan en rematar cualquier información con coletillas como “...de lo que todo el mundo habla”, “...intenso debate” o “...la polémica está servida” para indicar que habrá culebrón al respecto durante los siguientes días o semanas. Como el chicle, se mastica cualquier tema con avidez, se infla en efímeras burbujas y es sustituido por otro cuando comienza a endurecer. Como el chicle, estos “debates” acaban manchando el suelo, estropeando la ropa o algo peor si la burbuja estalla en cara y cabello.
Cada vez quedan menos oradores y oradoras, especie en peligro de extinción, con criterio propio, capaces de mantener debates serenos y meditados, con parámetros de diálogo que permitan una fluidez óptima de los mensajes entre cada emisor y su(s) receptor(es). El respeto al turno de palabra es algo fundamental en todo proceso de comunicación, así como la escucha activa cuando el turno corresponde a otras personas. Hubo épocas en las que las tertulias eran tertulias, los debates eran debates y las ideas volaban en total libertad.
Si algo puede empeorar, empeora. Tertulias y debates contaminan con lo más abyecto del ser humano, proyectando en la sociedad el odio y la violencia que exhiben sus señorías en escaños y ruedas de prensa, el odio y la violencia del fanatismo futbolero, de los ultras de Desokupa, de los cabezas rapadas, del machismo, la homofobia, el racismo y el sectarismo.
Pepe Morales
