Bilogía guerrerense: Gardel en España, por Julián Valle Rivas

carlos gardel en españa manuel guerrero cabrera   Adelantaba, fidelísimo lector, en la anterior entrega guerrerense, de manera, quizá, un tanto tácita, que Manuel Guerrero es versificando. Pero la pasión, que es todo aquello que conmueve y mueve, todo aquello que arrebata y pierde, todo aquello que desgasta y consume, es demasiado poderosa en el poeta; razón por la cual Guerrero devora lírica de modo incontrolable e incorregible, cual pecado capital condenable por Dios. Sin embargo, Dios, que concede y quita gracias, cuya omnisciencia sería equiparable a su omnipotencia, sabe perfectamente que la virtud lírica de Guerrero no puede ser sancionada, coartada, ni mucho menos le podría ser despojada, porque hay atributos en la tierra y en el cielo de los que ni humanidad ni divinidad deben ser privados.

 

   De ese ansioso e inquieto apetito lírico, Guerrero se alimenta sin reparo, para gozo común, pergeñando, de vez en cuando, hitos intelectuales como «Carlos Gardel en España» (I Premio Internacional Cuadernos del Laberinto de Historia, Biografía y Memorias), pormenorizado estudio o exhaustiva agenda de seguimiento del artista nacionalizado argentino durante su paso por tierras españolas; pues Carlos Gardel era cantante y todo cantor es poeta, al igual que toda canción es poesía. Y el tango, ese loco afán de Guerrero, es su afición obsesiva, siendo Gardel su más admirado ídolo, a quien ha dedicado horas y ha dedicado obras, convirtiéndose en uno de los mayores expertos y referencia, sin duda, del mundo gardeliano.
 
 
   Dividida en cuatro secciones, «Carlos Gardel en España» comienza, por supuesto, con «Los viajes», con el efectivo pulular de Gardel por España. En esta parte, Guerrero data con minucioso detalle la actividad gardeliana por el territorio nacional, desde su arribada hasta su partida, pasando por actuaciones, pernoctaciones, desplazamientos, yantares, anécdotas, haciéndolo de modo ordenado y cronológico, con las anotaciones precisas, sin resultar tediosas, y una prosa limpia y amena, que hará las delicias del lector curioso. La primera visita de Gardel a España transcurrió del 5 de diciembre de 1923, con llegada al puerto de Vigo, hasta el 30 de enero de 1924, con salida del puerto de Barcelona, junto con José Razzano, su compañero de dúo, y la Compañía Rivera-De Rosas y actuación en el Teatro Apolo de Madrid. La segunda, entre el 3 de noviembre de 1925, con desembarco en Barcelona, donde actuaría antes de trasladarse a Madrid, y el 4 de marzo de 1926. La tercera, se alargaría del 9 de noviembre de 1927 al 1 de junio de 1928. El cuarto viaje a España fue una fugaz escala, ya que desembarcó en Barcelona el 26 de septiembre de 1928, para partir de inmediato hacia Francia por carretera, y tan sólo realizó el trayecto inverso para cumplir con un breve compromiso en noviembre. Su siguiente estancia en España se produjo entre abril y mayo de 1929. Con posterioridad, como reseña el autor, «Carlos Gardel no volvería a actuar en los escenarios españoles, pero sí estuvo en Barcelona por distintos motivos», hechos que acaecerían entre los años 1931 y 1933.
 
 
   Añade Guerrero al recorrido español de Gardel, en la segunda sección de obra, un sumario análisis crítico de las primeras biografías nacionales sobre el artista. Así, examina: «Carlos Gardel. Sus películas, sus triunfos, su vida y su muerte» (Sevilla, 1935), de Manuel Álvarez Portal; «La novela de Carlos Gardel» (Barcelona, 1935), de Alfonso de Castilla; «Carlos Gardel. El ídolo roto» (Barcelona, 1937), de Manuel Pérez de Somacarrera; y «Carlos Gardel» (Barcelona, 1956), de José María Lladó.
 
 
   Completa el devenir gardeliano por tierras patrias, recreándose Guerrero en el registro adelantado en los comienzos de su obra: el entorno sociocultural y artístico del que se rodeó el cantor. Y que rodeó al cantor, dada la admiración ganada; como apunta el autor: «… se relacionó con personas de distinta condición social, ideológica y profesional. Consiguió la simpatía tanto de aristócratas, ricos o cantantes consagrados, como de actores sin tanto dinero o artistas con una agitada vida sobre los escenarios. Partidarios de Miguel Primo de Rivera, monárquicos, anarquistas, socialistas, republicanos…». De burgueses a futbolistas, de nobles a cantantes, bailaoras, tonadilleras, representantes, escritores, periodistas, actores, músicos, cineastas… Un repaso, en definitiva, riguroso que abarca tanto el contacto directo como el circunstancial con sublime aplicación.
 
 
   Concluye Manuel Guerrero su obra con una interesantísima apostilla en la cual, tras detenerse con mayor espacio en la, al parecer, amagada actuación de Gardel en Zamora, ofrece al lector una selección de tangos interpretados por el cantante, aclarando que «… no es intención de esta selección ser una de carácter general sobre toda su discografía, sino únicamente aquella que pueda relacionarse, en mayor o menor medida, con las giras, viajes o circunstancias que tuvo en España». Selección no exenta de las glosas guerrerenses, al destinar a cada título algunas palabras.
 
 
   Con «Carlos Gardel en España», Manuel Guerrero aporta al lector con el ánimo dispuesto a la ilustración o al entretenimiento una investigación tenaz y escrupulosa. Una placentera y atractiva aproximación al artista, indispensable en el anaquel de cualquier biblioteca.
Julián Valle Rivas