Carta abierta al alcalde de Lucena, por Vicente Dalda
CARTA ABIERTA AL ILMO. SR. AURELIO FERNÁNDEZ GARCÍA Alcalde-Presidente del Ilustre Ayuntamiento de Lucena
Sr. Alcalde:
La Cabalgata de la Ilusión, organizada por la histórica Peña de los Reyes Magos de Lucena, se ha convertido en uno de los eventos festivos más multitudinarios no solo de la ciudad, sino de toda la provincia. Año tras año, miles de familias —muchas procedentes de municipios cercanos— acuden a Lucena para vivir una cita que tiene como protagonistas indiscutibles a los niños, auténtico corazón de esta celebración.
Ese éxito creciente, que es mérito indudable de la Peña organizadora y de la tradición lucentina, trae aparejada una realidad incuestionable: cada vez son más las personas concentradas en el recorrido, y cada vez mayor el riesgo si no existe una planificación de seguridad acorde a la magnitud del evento.
Hemos sido testigos directos de cómo niños de muy corta edad se lanzan a recoger caramelos y regalos arrojados desde las carrozas, poniéndose en ocasiones en una situación de grave peligro, llegando incluso a introducirse literalmente debajo de las propias carrozas en movimiento, sin que existan protecciones físicas, perímetros de seguridad ni barreras que impidan estos comportamientos de riesgo. Lo que para muchos puede parecer una escena entrañable es, en realidad, una situación potencialmente trágica. La responsabilidad legal no es abstracta: es directa.
La Ley 13/1999, de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas de Andalucía, así como su desarrollo reglamentario, establece con claridad que los eventos celebrados en la vía pública deben contar con condiciones adecuadas de seguridad, prevención de riesgos, control de accesos y protección de los asistentes, con especial atención cuando existen menores de edad y vehículos en movimiento interactuando con el público.
Estas obligaciones no recaen únicamente en los organizadores. El alcalde, como máxima autoridad municipal, es el responsable directo de autorizar, supervisar y garantizar que dichas condiciones se cumplan de forma efectiva. No se trata de una responsabilidad genérica ni compartida de manera difusa: la legislación andaluza y el marco del régimen local sitúan en la Alcaldía el deber último de velar por la seguridad ciudadana en actos multitudinarios.
El contraste con la Procesión Magna
Este mismo año, Lucena ha sido capaz de organizar con éxito la Procesión Magna, un evento de enorme complejidad logística, para el que se articularon dispositivos visibles de seguridad, coordinación policial, planificación sanitaria y control de flujos de público, todo ello comunicado con antelación y ejecutado con rigor.
Resulta difícil de explicar que un evento como la Cabalgata de la Ilusión, con una presencia masiva de niños y una interacción directa entre carrozas y público, no cuente con un nivel de planificación y visibilidad en materia de seguridad equivalente al desplegado en la Procesión Magna. La diferencia no es menor: en la cabalgata el riesgo es más imprevisible y afecta directamente a menores.
Ilusión sí, pero con garantías
La tradición, la emoción y la magia no pueden servir de sustituto a la prevención, ni la buena voluntad puede reemplazar a los planes de seguridad. La ciudadanía confía en que el Ayuntamiento, y muy especialmente su Alcalde, haya previsto, evaluado y reducido los riesgos inherentes a un evento de estas características.
La seguridad no es un añadido ni una opción secundaria. Es una obligación legal y moral, y su cumplimiento es responsabilidad directa de la Alcaldía. Garantizar que ningún niño corra peligro bajo una carroza no es una exigencia exagerada: es el mínimo exigible en una sociedad que protege a sus menores.
Lucena puede seguir presumiendo de su Cabalgata de la Ilusión. Pero para hacerlo con orgullo pleno, la ilusión debe ir acompañada de seguridad real, visible y planificada.
Vicente Dalda
Lucena, enero de 2026
