DE PROFESIÓN: POLÍTICO, por Pepe Morales

Tienen mala prensa quienes se dedican a la política, unas veces por méritos propios y las más por la pérfida envidia ajena, casi siempre haciendo rodar la media verdad y la mentira por las siniestras laderas del boca a boca y la megafonía mediática. Hace años, un medio digital elaboró un minucioso listado de los políticos, mantenidos por los españoles, que no recuerdo bien si se acercaban o pasaban de 400.000. La redes sociales proponían un motín de Esquilache 2.0 y por WhatsApp llamaban a tomar la Bastilla con guillotina.

 

Examinando muy por encima aquella lista negra, destacaban profesionales de la talla política de numerosos directivos de Correos, de la Biblioteca Nacional, del Museo del Prado, del Instituto Cervantes o la AEMET, junto a un desglose de muchísimos otros cargos de escalas inferiores de organismos con implantación nacional, autonómica, provincial y local. A pesar de que otros medios y particulares rebatieron la lista, el bulo resurge cada X tiempo porque quedó grabado a fuego en el imaginario colectivo del cuñadismo.

 

Lo mismo pasa con los sueldos de los políticos. Se piensa que el político contrario a nuestra preferencia cobra una barbaridad y que el afín cobra lo justo, o menos. Hay quien sostiene que deben cobrar mucho para evitar que roben y quien opina que la corrupción reporta ingresos a los que no renunciarán, cobren lo que cobren. Hay ejemplos recientes de que quienes claman y se levantan en armas verbales contra la corrupción, acaban votando corrupción. Ourense o Marbella, por ejemplo. “Yo haría lo mismo”, justifican sus votantes.

 

Se suele decir que todos los políticos van a lo mismo: a vivir del dinero público sin dar un palo al agua. Hay casos que ilustran el aserto y casos que señalan su injusticia: hay diputados que cobran dieta de alojamiento en Madrid o Sevilla teniendo vivienda en la plaza y los hay que renuncian a la prebenda y comparten piso con compañeros, familiares o amigos. Los hay que viajan en coche oficial con chófer y los hay que comparten coche o utilizan transporte público en sus desplazamientos. No todos son iguales.

 

Hay datos que debieran hacer reflexionar a la ciudadanía. El Ayuntamiento de Lucena, como todos, asigna remuneraciones para sus ediles que consisten en un salario y unas “indemnizaciones” por asistir a plenos, juntas de gobierno y comisiones informativas, o sea, “por trabajar”. El alcalde cobra 56.775 €, dos Tenientes de Alcalde (jornada 100%) 56.665,98 €, otros dos y un delegado (75%) 42.499 € y otra delegada (50%) 28.332,99 €. Cada grupo percibe 360,83 €, 90,72 € por concejal y 24.393,60 € para asesoría.

 

Las “indemnizaciones” son de 410,32 € por “asistencia” a cada Pleno, a cada sesión de la Junta de Gobierno y a cada sesión de las Comisiones Informativas. Existen distintas Comisiones que, en los últimos 12 meses, han celebrado un total de 45 sesiones. Un solo concejal o concejala sin dedicación, que haya asistido a todas las comisiones y plenos, habrá percibido 23.388,24 €. Es opinable que la cifra se justifique sólo por la asistencia, que el concejal entienda de todo y que sea capaz de desempeñar aceptablemente su labor.

 

Ha habido alcaldes y diputadas que han cobrado sueldos acordes con los de su vida civil y han renunciado a las indemnizaciones. Como rabiosas jaurías, los medios de comunicación y el bipartidismo han tachado el gesto de populista por ir contra el statu quo y sus intereses. La vieja y perversa política acostumbra subirse los sueldos nada más llegar al poder, con la infalible fórmula de subirlos también a la oposición. Si alguien protestara y votara en contra, ya se sabe: populista, independentista, bolivariano y proetarra.

Pepe Morales

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