El político como empresario: una crítica liberal clásica al poder estatal, por Fernando Manuel García Nieto
En la visión liberal clásica, el Estado no es un ente neutral ni benevolente. Es, más bien, una maquinaria que, lejos de proteger los derechos individuales, se convierte en instrumento de opresión y privilegio. En este marco de ideas, los políticos no son servidores públicos guiados por el interés general, sino "empresarios políticos" que operan en el mercado del poder con la misma lógica de maximización de beneficios que rige en el mercado económico.
El político, según esta perspectiva, no piensa en el largo plazo. Su horizonte es la próxima elección. Por ello, se dedica a distribuir beneficios inmediatos —subsidios, programas sociales, obras públicas— sin considerar las consecuencias fiscales o económicas futuras. Esta miopía racional genera déficits presupuestarios crónicos, deuda pública creciente y una peligrosa dependencia del Estado por parte de la ciudadanía.
Los liberales clásicos denuncian que los políticos utilizan el Estado como un botín que se reparte entre grupos de interés organizados. A través del “logrolling” —el intercambio de favores legislativos— se aprueban leyes que benefician a minorías organizadas a costa de una mayoría desinformada y apática. El resultado es una expansión constante del aparato estatal, que se aleja cada vez más de sus funciones esenciales: proteger derechos, garantizar bienes públicos mínimos y respetar los límites constitucionales.
La democracia como amenaza:
Paradójicamente, aunque defienden la democracia como principio, los liberales clásicos la consideran una amenaza si no está estrictamente limitada por una Constitución. Temen que los votantes, movidos por promesas de beneficios, presionen para ampliar el poder del Estado. Sin frenos constitucionales, la democracia puede degenerar en una tiranía de la mayoría, donde los derechos de propiedad y la libertad individual quedan subordinados al interés colectivo mal entendido.
La solución liberal clásica pasa por restringir el alcance del aparato del Estado. Proponen impuestos bajos, gasto público mínimo, desregulación y privatización. Pero sobre todo, insisten en la necesidad de una Constitución que limite el poder político y proteja al individuo de la voracidad estatal.
Fernando Manuel García Nieto
