La Virgen en campaña, por Pepe Morales
Pueblo penoso que asume la vida como un valle de lágrimas del que sólo un incierto dios, un santo varón o una virgen lo pudiera redimir. Triste pueblo entregado a supersticiones, creencias, doctrinas, dogmas y credos, adorador impenitente de imágenes ricamente ataviadas de pedrería y fabulaciones. Pueblo crédulo de mucho amén y poco razonar, dado a la genuflexión como atávica tradición ante el poder celestial y su correspondencia terrenal. Dócil pueblo que asume la manipulación con la naturalidad de una bestia domesticada.
Conocen embaucadores, troleros y trileros estas debilidades y no dudan en utilizarlas para vender crecepelo al calvo, gafas al ciego, música al sordo, raquetas al manco y bicicletas al cojo. Y el pueblo paga por esas y otras promesas entregando la vida si se le pide, víctima de la incultura, la ceguera de la fe, los sermones de la montaña y las falacias de una campaña. Para reforzar su argumentario no dudan los charlatanes en implicar en sus mentiras a patrones y patronas veneradas por el pueblo, un respaldo muy cotizado en plena campaña electoral.
Moreno Bonilla ha tenido todo el morro (y la necesidad) de mentirle al pueblo de Lucena para rebañar votos de incautos que llamarán hospital a lo que no lo es y olvidarán las palabras de sus acólitos negando, tras la mayoría absoluta del PP, que Lucena vaya a tener el hospital público (HARE) reclamado por el propio PP cuando era oposición y comprometido por el mismo PP cuando dependía de los votos de C's y Vox. La foto del alcalde con el consejero Sanz riéndose de la ciudadanía lucentina fue la antesala de la foto de Moreno Bonilla ante la patrona riéndose del pueblo de Lucena.
El señor alcalde, un artista a la hora de sacar provecho a las tradiciones lucentinas, ha propiciado la entrada de la patrona en la campaña electoral, cual florero, para que su jefe mantenga la poltrona de San Telmo y avanzar él en su carrera para saltar a Sevilla o, quién sabe, al Senado. Todo empezó cuando Aurelio acompañó al hermano mayor de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli a Sevilla para explicar la importancia de la muy mariana devoción lucentina a la titular e invitar a Moreno Bonilla al aniversario de la coronación.
No se cortan los populistas del PP a la hora de utilizar los sentimientos religiosos de los devotos en el mercado de los votos, como también lo hacían los populistas del PSOE cuando mandaban Susana Díaz y Juan Pérez. La diferencia está en el alto grado de cinismo e hipocresía de los primeros y en la flagrante contradicción de los segundos. Perfectamente sincronizados, Moreno Bonilla ha utilizado la ofrenda floral como escaparate electoral mientras Jesús Aguirre (recuerden: el consejero que anunció a bombo y platillo el hospital para Lucena) lo ha hecho en la misa matinal del día grande de las fiestas.
Llevan casi un mes los candidatos y candidatas del bipartidismo frecuentando procesiones y romerías a lo largo y ancho de esta infeliz Andalucía. No se cortan nada, se lo pueden permitir. A mediados de abril, la Junta Electoral de Zona de Huércal-Overa (Almería) multó severamente al consejero Antonio Sanz con ¡¡300 eurazos!! por hacer declaraciones públicas sobre ¡¡gestión sanitaria!! durante un acto institucional estando en precampaña electoral. Este año, en la traca pirotécnica que cierra la procesión de la virgen, se ha mezclado el tradicional olor a pólvora con cierto tufillo a azufre.
Si le funcionó a Moreno Bonilla lo de hablar con una vaca, ¿por qué no hacerlo con una escultura?
Pepe Morales
