Condición humana II: El contrato de Messi, por Julián Valle Rivas

  Porque el pastizal contractual que se embolsa el futbolista Lionel Messi a consecuencia del ejercicio de su oficio clama, sin duda, al cielo. No es intención de estas líneas tecleadas cuestionar el talento o el mérito de un profesional en el cumplimiento de su deber, acudiendo, para ello, a todos los recursos que la naturaleza, el esfuerzo o el dios que fuere le ha otorgado; pero nadie habría de ganar tan grande pastizal por entrenar unas pocas horas al día y competir otras pocas a la semana, minutos en ocasiones; máxime, cuando otros profesionales del deporte, incluso olímpicos, se ven abocados a compaginar el entrenamiento y la competición con el desarrollo de una actividad profesional que les conceda los ingresos suficientes para el sustento vital. No vale aquello de que la etapa activa de un deportista está muy limitada, pues, si de igualar se trata, una incapacitación profesional parcial implica una pensión parcial, al quedar capacitado para otras actividades laborales. De modo que bien podría buscarse el futbolista (si realmente no llegara a ahorrar bastante dinero) otros medios de incrementar euros en su cuenta corriente. Sin embargo, la condición humana gesta esta segunda entrega, puesto que es la condición humana la que ha incorporado semejante pastizal como cláusula en el contrato de Messi.

 

 

   En efecto, la horda de fanáticos y forofos (sinónimos, en general) que siguen y persiguen al futbolista allá por donde vaya ha provocado el incremento de su valor. Con independencia de su talento, insisto, el hombre ha sido endiosado, elevado a los altares de la veneración, donde dirigen su fervor con la devoción propia hacia un santo. Cualquier movimiento del sujeto es noticia y la más nimia gesticulación genera una miríada de especulaciones e interpretaciones, no hablemos ya de cualquier chorrada que comparta en redes sociales. Todo lo asociado a su nombre o persona se transforma de inmediato en comercio con pingües beneficios. Es el sueño a alcanzar, la imagen a imitar, la gloria pecuniaria. Es el deseo de todo mortal: trabajar como jugador un puñado de horas a la semana y cobrar un pastizal. Es la fama que la condición humana le ha conferido.
 
 
   Y es que la fama, atributo de especial asignación humana, ya apunto, permite a muchos cuantiosos ingresos sin necesidad de destinar dedicación, sacrificio y trabajo, ante todo trabajo, a la empresa de obtener las ganancias vitales oportunas. Así, grabadores de vídeos inanes, «influenciantes» mercenarios, celebridades de pacotilla, participantes en programas de pseudorealidad absorben el tiempo y secuestran el interés de una muchedumbre que termina ansiando ser como ellos. Ser el centro de atención, el destino de las miradas, el tema de conversación. Engordar los bolsillos enseñoreándose del mundo y de la panda de pringados currantes gracias a los cuales lo consiguieron.
 
 
   Puede que el incondicional sea perfectamente consciente de la estafa y no busque más que un poco de entretenimiento, algo que le permita desconectar, evadirse de las ocupaciones diarias, de manera que consuma con voracidad las historietas de novela rosa de las celebridades de pacotilla o los folletines guionizados de los participantes en programas de pseudorealidad; pero el currante suda muchas horas al día frente a estos tipejos estafadores que no han dado un palo al agua en su vida. Puede, también, que considere de incomparable transcendencia intelectual, cultural o práctica los monólogos ofrecidos por los grabadores de vídeos inanes; pero el currante, errado en la consideración, se ha desvelado durante muchos años frente a estos inútiles narcisistas que sueltan chorradas desde la habitación de su casa. Puede, incluso, que, reconociendo unas facultades críticas inactivas o anuladas, o unas aptitudes decisivas mermadas por la disolución de la confianza reflexiva, adhiera como requisito de acción la categórica aportación del «influenciante» mercenario; pero el currante dispone de un criterio amparado por la libertad, de subjetividad equiparable a la del «influenciante» mercenario y, desde luego, dispensada del compromiso nacido del soborno.
 
 
 
   Messi es famoso por ser un fenómeno en su oficio, o sea. Empero, como alguno se apresuró en defender, proporciona a las arcas del club más de lo que cobra por ejercerlo o, al menos, tan desorbitada cantidad que es de justicia la recompensa proporcional. Beneficios que los fanáticos y forofos, condiciones humanas, han adjudicado.
 
 
 
   No procede, entonces, destapado el contrato de Messi, echarnos las manos a la cabeza con hipócrita indignación ni noticiar en primera página con letras megalíticas. Como tampoco procede condenar a grabadores de vídeos inanes que despotrican de la escuela pública y depositan sus dineros en paraísos fiscales, a celebridades de pacotilla que confeccionan lucrativas exclusivas, a participantes en programas de pseudorealidad abiertos al papel repartido, a «influenciantes» mercenarios vendidos al mejor postor. Todos son producto de la condición humana. Unos, tristes modelos; otros, talentosos sin mesura; ninguno ajeno a la comodidad de la aureola implantada.
 
 
Julián Valle Rivas

La belleza. Día Mundial del Medio Ambiente

bosques naturaleza dia mundial medioambiente lucenaSi reducimos los 4.500 millones de años de la vida de la Tierra en un solo año, los seres humanos llevaríamos sobre ella sólo los últimos cuatro segundos del 31 de diciembre. Eso nos demuestra que el planeta no nos necesita para sobrevivir, sin embargo nosotros a él sí. 

 

 

En esos cuatro segundos, 250.000 años, nos hemos multiplicado exponencialmente, pasando del millón de habitantes que había en el 10.000 a.C., a los 7.800 millones que hay en la actualidad. El gran crecimiento poblacional coincidió con la revolución industrial y desde 1800 hemos multiplicado casi por ocho los mil millones de personas que había en ese momento  (0,0048 segundos). Se calcula que en el año 2.100 seremos 10.900 millones y que la Tierra no puede soportar más de 12.000 millones de seres humanos.
 
 
Para muchos son cifras, predicciones catastrofistas sin base ninguna porque, según ellos, la Tierra puede generar alimento y recursos suficientes para todos, solo hay que aprender a distribuirlos de manera justa y equitativa. No sé que da más miedo si el saber que no podremos alimentar a tanta gente o pedirles a los ricos que repartan sus ganancias, algo que ya nos advirtieron, con aquella imagen del camello y el ojo de la aguja, que no sería nada fácil. Si Jesús levantase la cabeza no tendría que reescribir nada de la Biblia, la de templos, y obispos con los bolsillos llenos, que se iba a quitar de en medio. 
 
 
 
Esa sobrepoblación, y nuestras necesidades de recursos para sobrevivir, ha conseguido que provoquemos la sexta gran extinción de especies (la próxima dicen los expertos que será la de los mamíferos), que hayamos creado una nueva era geológica, el Antropoceno, y que estemos inmersos en una emergencia climática sin precedentes en la historia de la humanidad. Cuatro segundos hemos tardado en alterar el equilibrio terrestre, cuatro segundos de consecuencias impredecibles, cuatro segundos nos han bastado para destrozar el paraíso del que nos echaron en su momento. Quizás ahí el Creador se equivocó al no reconocer su error y haber empezado de nuevo con otro pegote de arcilla.
 
 
No es nuevo lo que está pasando sobre el planeta, pero si es la primera vez que todos esos cambios están provocados por una sola especie, o como decía Richard Dawkins, por el gen egoísta que es el que evoluciona para reproducirse. Para él el individuo, la sociedad, la humanidad están en manos de esa unidad mínima que en su afán de sobrevivir, se adapta, evoluciona, sin importarle nada a su alrededor.
 
 
Entender porqué destruimos el planeta se me hace cada vez más difícil. Intentar comprender porqué a pesar de todo lo que conocemos, de las múltiples evidencias, aún seguimos pensándonos inmortales, intocables, todopoderosos, los elegidos, me produce desesperación. Quizás lo complicamos todo con la teología, con la ciencia, con la biología, con la economía, con la psicología, con la sociología, con tantas creencias, dogmas y estudios científicos que desarrollamos para entendernos, para entender lo que pasa a nuestro alrededor. Quizás estemos destinados, programados, para hacer lo que hacemos, y que nuestro castigo, como el de Sísifo, sea el de soportar una pesada carga que vuelve a martirizarnos continuamente. Quizás nos equivocamos y cometimos el error de no haber apelado sólo a la belleza de la naturaleza para hablar de su conservación.
 
 
Hace unos días intentábamos explicarles a un grupo de ancianos la importancia de los cuatro bosques para nuestro pueblo, y les incidíamos que luchan contra la erosión, regulan las temperaturas, protegen la biodiversidad, nos ofrecen el agua que necesitamos. Les hablábamos de los errores cometidos, de nuestra responsabilidad para las generaciones futuras, de la delicada situación en la que nos encontramos, de la urgencia de las medidas a tomar. Una charla que terminamos con la frase “y por todas estas razones tenemos que conservar los bosques”, y a la que una de las asistentes añadió, con un hilo de voz casi imperceptible, como si fuese una reflexión personal que se le escapó sin querer, “y por la belleza”.
 
 
Así que para celebrar este año el Día Mundial del Medio Ambiente, en honor a esta mujer que con sus palabras, sus imágenes, sus recuerdos, me hizo reflexionar, y de paso aprovecho para rendirle un humilde homenaje a Aute en el primer aniversario de su muerte, hago míos sus versos y  “reivindico el espejismo, de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada, que consiste en la certeza, de encontrar en tu mirada, la belleza, la belleza, la belleza”. Disfrútala. 
 
 
Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental y escritor

Nuestro sistema electoral y su génesis, por Fernando M. García Nieto

elecciones generales lucena sistema electoral     “Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda” (Joubert S.XVII-SXVIII, Francia).
 
   Un Sistema Electoral traduce los votos en escaños, y posteriormente reparte esos escaños entre los partidos políticos que concurren a las elecciones, en función del porcentaje de votos obtenido por cada uno de ellos. Se trata de un procedimiento regulado en las Constituciones y las Leyes de cada país democrático, que permite trasladar la voluntad del pueblo a las instituciones políticas del Estado. Estos sistemas tienden a favorecer a los partidos grandes, con mayor número de votos, a costa de perjudicar a los menos votados. Es algo obvio y natural, pero lo hacen en mayor o menor medida en función de su proximidad a uno de los dos principios siguientes, entendidos como los extremos de un continuo.
 
 
   Estos son el “principio de representación mayoritaria”, según el cual, “el partido vencedor lo gana todo”, alcanzando mayoría absoluta y por tanto la gobernabilidad; y el “principio de representación proporcional”, por el cual la representación de los partidos en la Cámara es proporcional a los votos obtenidos por estos, permitiendo la entrada a las instituciones de un mayor número de partidos, y reflejando con mayor fidelidad el pluralismo político de una sociedad. Nuestro Congreso de los Diputados (me referiré exclusivamente a esta Cámara en lo sucesivo), se encuentra entre los dos anteriores, con un sistema electoral de representación más próximo al mayoritario, aunque curiosamente, se ha catalogado como “sistema proporcional moderado” (art. 68.3 C.E.: “La elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional”), aunque bien podría definirse como sistema mayoritario restringido. Y esta contradicción está en la raíz de las propuestas de reforma que ha experimentado nuestro sistema desde su nacimiento.
 
 
   En los últimos años, especialmente a partir del 2011 con la irrupción en el panorama político de la “nueva política”, hemos visto como aparecen en la esfera pública, diversas demandas sociales y propuestas políticas para la modificación del sistema electoral. Recordemos que ésta era una de las reivindicaciones del movimiento 15M, por una “democracia real”, basada en una mayor participación política de la ciudadanía, una democracia más directa y alejada del control de los partidos tradicionales, una “representación auténtica”. Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? 
 
 
   Nuestro sistema electoral general pasó por varias etapas en su génesis:
 
 
   Durante la Transición Española, después de cuatro décadas sin elecciones democráticas, se desechó rápidamente el anterior modelo republicano por su resultado desastroso: La fragmentación parlamentaria extrema y la consiguiente inestabilidad de gobierno en un sistema de partidos polarizado entre dos bloques irreconciliables, condenados a un enfrentamiento radical, con el desenlace que todos deberíamos conocer. Tras la muerte de Franco, en el primer semestre de 1976 el Gobierno de Arias Navarro llevó las propuestas de Manuel Fraga, ministro de Gobernación, a una “comisión mixta” compuesta por el propio Gobierno y el Consejo Nacional del Movimiento, donde se acordaron unas normas básicas electorales para unas hipotéticas futuras elecciones.
 
 
 
   Posteriormente el Gobierno de Adolfo Suarez logró sacar adelante la decisiva Ley para la Reforma Política de 1977. Frente a la negativa de franquistas continuistas y aperturistas, que sentían predilección por un sistema de representación mayoritaria, Suarez, reformista, mantuvo la representación proporcional en su proyecto, pero en búsqueda del consenso para su aprobación, incluyó “dispositivos correctores de la proporcionalidad”, evitando al mismo tiempo una excesiva fragmentación de la Cámara. En el texto aprobado se fijó la provincia como circunscripción, un número mínimo inicial de escaños para cada provincia, el establecimiento de un umbral de porcentaje de votos para conseguir representación, y el tamaño del Congreso se estableció en 350 diputados. Finalmente, el Decreto-Ley de 18 marzo de 1977 sobre Normas Electorales, desarrollo de la anterior Ley para la redacción de las normas que debían regir las primeras elecciones democráticas, estableció el prorrateo inicial  de dos escaños por provincia y el resto, hasta 350, en función de la población con derecho a voto de cada circunscripción; la fórmula D`Hont para el reparto de los escaños entre los partidos; el umbral legal en el 3% de votos emitidos, en la provincia, para no perjudicar a los partidos nacionalistas y que estos no quedaran fuera del Congreso; y se optó por el modelo de listas completas, cerradas y bloqueadas.
 
 
   Nuestra Constitución Española de 1978 no modificó las normas anteriores. Ante la insistencia del PSOE y PCE para que se constitucionalizasen las normas electorales, y la negativa de UCD y Alianza Popular a que ello se llevara a cabo, fueron necesarias negociaciones extraparlamentarias de la UCD con el PSOE, que finalmente se plasmaron en el art. 68 de la Carta Magna. Nuestra norma suprema establece así, que el Congreso se compone de 300 a 400 diputados, la representación proporcional en la elección, la provincia como circunscripción, y el doble criterio, territorial y poblacional, en el prorrateo inicial de los escaños entre las provincias, el mandato por cuatro años, quién pueden ser elector y elegible, cuándo tendrán lugar las elecciones y cuándo deberá ser convocado el Congreso electo.
 
 
 
   En 1985, ya en la primera etapa socialista, se aprobó la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), y tampoco hubo cambios. El Gobierno de Felipe Gonzalez justificó la redacción del proyecto en la unanimidad de la Cámara, favorable a las normas que ya existían. Se produjo en la tramitación legislativa una suerte de inercia institucional, por la cual los partidos políticos con representación en el Congreso no quisieron cambiar la certidumbre que los había llevado a la Cámara, por la incertidumbre que hubiera supuesto un nuevo sistema electoral. Sólo hubo dos votos en contra y dos abstenciones.
 
 
   La última reforma electoral tuvo lugar en 2010, y vino a modificar la LOREG en aspectos del censo electoral, la información electoral en los medios de comunicación, las campañas electorales, y el voto de los españoles residentes en el extranjero (voto rogado), cuestiones todas de Derecho electoral que no modifican en lo sustancial el procedimiento de voto.
 
 
Fernando M. García Nieto
 
________________
BIBLIOGRAFÍA: Montero, J.R., y Fernandez, C. (2018) “El Sistema Electoral: ¿Lo malo conocido?”. ed. B. Pendás “España constitucional (1978-2018). Trayectorias y perspectivas”. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. 
 
 

Dos momentos revolucionarios: septiembre de 1868 y abril de 1931. Breve descripción del nacimiento de nuestras repúblicas, por Fernando M. García Nieto

I y II REPÚBLICA lucena digitalEstas dos revoluciones son los preludios de las dos experiencias republicanas vividas en nuestro país. La de septiembre de 1868 desembocó en la Primera República, tras la renuncia de Amadeo I en febrero del 1873, por decisión de las propias Cortes monárquicas. La Segunda República llegó tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 con el triunfo de las fuerzas republicanas en las capitales y las grandes ciudades, curiosamente, con menos votos que los monárquicos, lo cual fue interpretado por las masas como un triunfo republicano sobre la monarquía de Alfonso XIII. El rey se vio obligado a abandonar el país, ante la falta de apoyo por parte del gobierno y del ejército. La situación política y social previa a ambas revoluciones presenta similitudes.
 
 
En lo político, crisis de la monarquía. La reina Isabel II había marginado a los progresistas impidiéndoles el acceso al gobierno, apoyándose en el partido moderado y en su camarilla, integrada por religiosos y aristócratas hostiles al liberalismo. A partir de 1863 los progresistas no participaron más en las elecciones y centraron sus esfuerzos en derrocar a la reina, mientras el partido moderado, favorito de la monarquía, entró en una deriva autoritaria y de inestabilidad. Por su parte, Alfonso XIII perdió la confianza de todos los partidos, incluidos los monárquicos, por su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, traicionando con ello a la Constitución de 1876.
 
 
En ambos casos se produjo un pacto de los partidos contrarios al monarca para su derrocamiento. El Pacto de Ostende, unió al Partido Progresista del general Prim, al Partido Demócrata, y más tarde se uniría la Unión Liberal del general Serrano. En Ostende (Bélgica) se acordó el derrocamiento de la reina, la creación de un gobierno provisional, y elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal. La forma del Estado sería decidida por estas Cortes. El pacto contra la monarquía alfonsina tuvo lugar en San Sebastián, en agosto de 1930, y reunió a todos los partidos republicanos. Poco después se sumaron el PSOE y la UGT, y allí se constituyó un gobierno provisional clandestino, que comenzó a trabajar junto a varios militares para la caída de Alfonso XIII. La insurrección tuvo lugar en Jaca en diciembre del mismo año, pero fue desmantelada por el gobierno. Los capitanes Galán y García Hernández fueron ejecutados, y los miembros del gobierno provisional republicano detenidos y llevados a prisión. Habría que esperar a las elecciones municipales de la siguiente primavera para proclamar la república.
 
 
 
En lo económico, en ambos periodos España sufría una crisis económica, lo que favoreció la movilización revolucionaria de las masas, insatisfechas con su situación de privación. Durante el reinado isabelino la quiebra del banco británico Overend & Gurney en 1866, provocó la contracción del crédito global. Las compañías del ferrocarril se vieron abocadas al fracaso por el reducido volumen del tráfico, provocando el miedo en los inversores y la caída de la Bolsa. Muchas empresas cerraron y el paro aumentó. Se redujeron los ingresos del Estado y el déficit se disparó. Además, esta crisis económica coincidió con una serie de malas cosechas, con el consiguiente aumento del precio del trigo y los alimentos. La consecuencia fue hambre y enfermedad. El malestar social era palpable.
A finales de los años 20 del 1900, España, que había logrado salir de la primera guerra mundial reforzada, gracias al comercio con los países inmersos en la contienda, no escapó de la Gran Depresión. La política económica de la dictadura de Primo de Rivera, basada en el proteccionismo y la intervención en la economía mediante la inversión en obras públicas, dejó al Estado sumido en el déficit, se acabaron los “felices veinte”.
 
 
En el plano militar, el papel desarrollado por el Ejército en ambos procesos revolucionarios fue determinante. En el XIX fueron los militares los promotores del golpe. En esa época los cabezas de partido eran militares en muchos casos, por ejemplo; Prim en el Partido Progresista y Serrano por la Unión Liberal. El 17 de septiembre de 1868 se produjo el pronunciamiento militar en Cádiz, que se extendió seguidamente a las demás provincias, y que sería apoyado en las ciudades por voluntarios milicianos. Finalmente, los sublevados derrotaron a las tropas leales a la reina en la batalla de Alcolea, en Córdoba, y ésta tuvo que huir a Francia. El general Serrano sería nombrado presidente del gobierno provisional hasta el nombramiento como rey de Amadeo de Saboya.
 
 
En el siglo XX, tras las elecciones de abril del 31, el rey no encontraría apoyo en el Ejército. El general Berenguer, ministro de Guerra en aquel momento, ordenó a los militares que se atuvieran a la “voluntad nacional”, y el general Sanjurjo, director de la Guardia Civil, se puso a las órdenes del gobierno provisional republicano. El presidente del gobierno, almirante Juan Bautista Aznar, reconoció que España “se había acostado monárquica y se había levantado republicana”. El 14 de abril se proclamó la II República ante la pasividad del gobierno y de los militares, y el rey partía hacia el exilio.
 
 
Fernando M. García Nieto

Condición humana I: El abrazo de Iceta, por Julián Valle Rivas

El feliz abrazote que el buenazo de Miquel Iceta le dio al, todavía por entonces, Ministro Salvador Illa en plena crisis pandémica no sólo merece interpretarse en clave política, a modo de gesto, pose o pintoresco movimiento histriónico, pretendiente de una manifestación de lealtad incondicional a la partidocracia socialista, como si al buenazo de Iceta no le importara o importase la patada que la cúpula del susodicho partido propinó a la mismísima cabecera del listado autonómico a las elecciones, empellón pendenciero o bajuno que lima la medalla federalista que con tanto pulido se vanaglorian en lucir; como si el buenazo de Iceta entendiera o entendiese que, en verdad, su representatividad autonómica quedaba degradada o ensombrecida por la divinidad ministerial de Illa; como si el buenazo de Iceta aspirara o aspirase a la compensación o soborno de una cartera ministerial vinculada a la unidad territorial de un país donde cada territorio actúa conforme le conviene. O lo más probable es que ni siquiera merezca interpretarse en clave política, pues en España hace tiempo que la política, bien lo sabemos, no tiene interpretación posible ni es digna de dedicación alguna, más allá del placemiento de los abigarrados tertulianos dados a la variopinta opinión mediática.

 

 

   De vuelta al inicio (discúlpeseme tamaño circunloquio), el feliz abrazote que el buenazo de Iceta le endosó al Ministro Illa en plena crisis pandémica evidencia nuestra condición humana, cómo hemos asumido o nos hemos adaptado a la crisis pandémica, la cual hemos aceptado como una moda de mascarillas. Un escenario contagioso en donde una mascarilla simplifica todo el compendio de seguridad sanitaria. Una mascarilla hace innecesario eludir el contacto social o atender la higiene de manos. Y uno puede manosear por doquier, cubrir de babas las terrazas de bares y restaurantes, caminar copando todo el ancho de la vía o invadir el espacio preventivo del contagio. Por supuesto, la panacea pandémica de la mascarilla no empece el recolocarla bajo la barbilla para pasear tranquilo hablando por el móvil o fumando un cigarro, ni cuando las plazas, calles, senderos y demás rutas masificadas de gente paseando, sin exigencia laboral o comercial aparente, obstaculizando o formando corrillos chismosos, entorpecen la famosa distancia de seguridad. Y sí, tal vez lo de pasear sea un ejercicio deportivo como otro (o sin el tal vez). No obstante, el uso de la mascarilla no suple los requisitos de caminar en fila, permitir el espacio interpersonal y no abusar de las excepciones, libertades y relajaciones que conceden las disposiciones contra la pandemia, destinadas, precisamente, a hacer llevadero el difícil y delicado estado.
 
 
   También evidencia nuestra arrogante y egoísta condición humana el comportamiento durante los periodos prenavideños y navideños, cuando el uso de la mascarilla excusó las zonas urbanas desbordadas de personal pululando de acá para allá y las tiendas, mesas de bares y terrazas atestadas de compradores y celebraciones o distracciones amistosas, familiares y laborales. Tampoco se libraron las cenas familiares, servidas al calor de los hogares, como si no se pudiera vivir un año sin ellas (se conoce que ya nadie recuerda las épocas bélicas o los compromisos de los profesionales en servicio de guardia), que hubo de antojarse justo precio para disfrutar de muchas más. Mención especial para los jóvenes que, al aproximarse la hora fijada como toque de queda nocturno, se apresuraron a dirigirse hacia viviendas, naves y locales clandestinos, a fin de participar en fiestas ilegales de Año Nuevo, ignorando, amén de preceptos reglamentarios, la advertencia de que la juventud favorecía el aspecto asintomático, no el contagioso, sobre todo, de sus mayores, propensos a los padecimientos víricos. Conjunto sainetesco que, cual papel bajo calco, se repitió en Semana Santa, con concentraciones en iglesias, saeteros (y saeteras) arrojando virus sobre mantos de vírgenes y sayas de cristos y la habitual parafernalia en el perímetro de los bares.
 
 
   Y claro, en semejante entorno, contexto superado más por la estupidez y la irresponsabilidad que por la inconsciencia y la indolencia, el buenazo de Iceta envuelve al Ministro Illa con su feliz abrazote, descargado de complejos y de rencor, aunque recubierto de mascarillas, al ser ése ratificado por la partidocracia socialista como número uno en la lista electoral autonómica en detrimento de aquél. La naturaleza ejemplarizante de la política (si la existencia de esta naturaleza aún se concibe) sucumbe aquí frente al reflejo de la sociedad que la elige y la gana, porque cada sociedad tiene a los políticos y a los gobernantes que, diligente, consigue.
La condición humana queda evidenciada, igualmente, en los numerosos aspavientos, comentarios y espacios televisivos, periodísticos y radiofónicos que suscitó el muchimillonario contrato del futbolista Lionel Messi, quien percibirá, o de hecho percibe, un pastizal de padre y muy señor mío. Sin embargo, ruego se me dispense la labor de la exposición, al objeto de otorgarle una segunda, a la par que descansada, entrega.
 
 
Julián Valle Rivas

La polarización política como resultado del uso de internet. Reflexión, por Fernando M. García Nieto

Con la era digital y la llegada de internet a nuestras vidas se han producido grandes cambios en nuestra sociedad y en la política. Estos efectos han de considerarse de carácter positivo o negativo, según el uso que se haya dado a esta tecnología.
 
 
 
En los últimos años crecen las opiniones críticas que señalan aspectos negativos del uso de internet, como por ejemplo que esta tecnología de acceso universal a la comunicación ha fabricado un perfil de lector apresurado y poco reflexivo, que asimila la información que recibe, en cualquier lugar, a través de su smartphone, sin cuestionar su veracidad. La “posverdad”, la verdad modificada por los sentimientos, y las “fake news” contaminan la información verdadera, produciendo en estos tiempos una pérdida de credibilidad y confianza, generalizada en la sociedad.
 
 
 
El uso de internet refuerza la participación política tradicional y, al mismo tiempo, constituye otra dimensión, la “participación on line”. Se ha multiplicado el intercambio de información, de opiniones e ideas variadas, y se promueven desde esta plataforma global diversas iniciativas políticas, y la movilización social para influir en las decisiones públicas a través de blogs, intercambios de correo electrónico, foros digitales, boletines digitales y páginas web. Se han reducido a cero los costes de participación en el proceso político, con un efecto multiplicador de los mensajes, que permite llegar a toda la población en muy poco tiempo, casi de forma instantánea. Esta difusión tan rápida y extensa de información se puede observar claramente en las campañas electorales, o en las manifestaciones de protesta. 
 
 
Por un lado, el uso de redes sociales, e internet en general, puede haber contribuido a la polarización política de la sociedad, al auge de posiciones políticas extremistas y a la difusión de noticias falsas. Vivimos la paradoja de que cuando estamos más conectados que nunca, nos encontramos más alejados ideológicamente. Aunque, como veremos a continuación, también encontramos evidencias empíricas que demuestran lo contrario y restan protagonismo a esta tecnología como causa principal de este desencuentro ideológico. 
 
 
Ideologías extremistas, de todo tipo y origen político, que antes estaban excluidas socialmente a un nivel global, con el abaratamiento de costes de entrada a la comunicación que ha supuesto internet, han encontrado un espacio en la esfera pública y las instituciones del mundo. Hemos visto en los medios de comunicación lo fácil que es crear un ejército de apoyos, a través de cuentas falsas en redes sociales. Esta actividad en redes se conoce como “astroturfing”, en referencia a la marca de césped artificial, y permite lanzar ataques contra el adversario político o disidente, y campañas de desinformación introduciendo en las redes digitales noticias falsas para desprestigiar opciones contrarias, o influir en las elecciones de otros países para desequilibrar sus democracias. Se usa internet como instrumento para infiltrarse en conversaciones “on line” politizadas, para crear crispación, y así, radicalizar las opiniones, ideas y posiciones opuestas. 
 
 
A pesar de lo anterior, los economistas Levi Boxell, Matthew Gentzkow y Jesse Shapiro, realizaron un estudio sobre la campaña electoral de 2016 en Estados Unidos (“Is the internet causing political polarization? Evidence from demographics”, March 2017), para entender cómo el uso de internet de banda ancha se relacionaba directamente con la polarización política de la sociedad estadounidense. Pudieron inferir de las encuestas que un 60% de los individuos entre 18 y 39 años de edad siguieron la campaña por redes sociales, mientras sólo un 26 % de aquellos de más de 75 años lo hicieron, sin embargo, el resultado de su trabajo fue que la polarización política había aumentado en este periodo mucho más en la gente mayor de 75 años, que en los de edades entre 18 y 39 años, es decir, el aumento de polarización fue mucho mayor para la población con menor uso de internet.
 
 
Por otro lado, esta polarización política se ve reforzada por los conocidos “algoritmos”, que seleccionan qué datos e información se muestra en las redes sociales, en función de los intereses de los usuarios. De este modo se configuran “cámaras de eco” ideológicas (Barberá, 2020), burbujas de información en las que el ciudadano queda atrapado recibiendo sólo comentarios, noticias, y documentos, que ratifican sus propias posiciones políticas, que se vuelven cada vez más homogéneas y apartadas de ideas diferentes, radicalizándose frente a las contrarias. Esta circunstancia encuentra explicación científica en el concepto de “homofília social” (McPherson, 2001), o quizás podríamos decir, por extensión, “homofília política”, según el cual los seres humanos buscamos establecer contacto con aquellas otras personas que opinan como nosotros y nos alejamos de quienes piensan de manera contraria a la nuestra. Esta elección de contactos personales, y también, la adaptación de nuestros pensamientos políticos a los posicionamientos del grupo con el que más nos relacionamos, determina la creación de comunidades cada vez más homogéneas y diferenciadas unas de las otras. Esta es la contribución de la combinación de las antes citadas “cámaras de eco” y los “logaritmos” que rigen la información en Internet, pero no es menos cierto, que las personas, por instinto, preferimos leer cosas que nos dan la razón, y navegar por “cajas de resonancia”, buscando nuestra interpretación de la realidad, sin analizar los hechos de un modo objetivo.
 
 
Pero existen estudios que argumentan lo contrario, es decir, que es precisamente en los contactos digitales y esporádicos, con personas de fuera de nuestro entorno más cercano, donde se produce la mayor y más variada aportación de informaciones e ideas políticas, que vienen a equilibrar el influjo que recibimos de nuestros contactos personales (Barberá, 2015). Según estos trabajos de investigación, internet reduciría la polarización al facilitar el contacto con personas con las que no tenemos vínculos directos, sino mas bien “lazos débiles”, que son las que nos aportan nuevas ideas y puntos de vista, multiplicados y amplificados por la ingente cantidad de mensajes que nos llegan a través de las redes sociales.
 
 
Internet ha supuesto un aumento de la participación política por la reducción a cero de sus costes, que antes suponían una gran inversión en tiempo y esfuerzo económico y personal. Ahora podemos participar en la política e influir las decisiones públicas de nuestros gobiernos y legisladores desde el sillón de casa. A esta capacidad se la conoce como “clictivismo” o activismo de salón. Esta facilidad de participación, en líneas generales, es beneficiosa para la sociedad, al mejorar la calidad democrática, la rendición de cuentas por los políticos directamente ante los ciudadanos, las demandas o críticas efectuadas directamente a través de redes sociales por los ciudadanos hacia los políticos, y la transparencia en las relaciones bidireccionales entre los políticos y los ciudadanos. Sin embargo, debemos conocer, como esta misma facilidad de acceso a la comunicación, permite el uso de esta herramienta por grupos extremistas de todas las ideologías, que producen información, la cual, llega a los usuarios de la web sin el filtro que representaba el ejercicio de un periodismo responsable e independiente del poder, hoy en horas bajas por la propia revolución digital y las crisis económicas. Las campañas de desinformación llegan cada vez a más gente y de forma más rápida y constante, contribuyendo a la radicalización de los mensajes, y a la polarización política de la sociedad, a pesar de la actividad de las agencias independientes, cuando lo son, y a pesar de la intervención de las propias redes sociales sobre los contenidos que estos grupos comparten en ellas, en ocasiones, catalogada de censura por aquellos que ven bloqueadas sus cuentas.
 
 
Al mismo tiempo nuestros representantes en las cámaras legislativas y los miembros de los ejecutivos han encontrado en internet una herramienta para persuadir a los ciudadanos de forma directa, para explicar sus políticas, y establecer vínculos directos con estos y otros representantes públicos a través de redes sociales. Pero, la otra cara de la moneda es que los legisladores y gobernantes modifican sus preferencias y sus discursos para, con el objetivo de obtener apoyos electorales, ajustarse a los intereses del público sobre temas concretos, expresados en estas mismas redes digitales. Esta dinámica podría llegar a producir la polarización de los sistemas de partidos y la radicalización de los discursos de la clase política, como influencia de los segmentos sociales extremistas, más activos en internet, en una sociedad ya polarizada políticamente.
 
 
Por último, añadiré que este argumento del uso de internet como causa protagonista de la polarización política, no es único, pues existen otras causas, económicas, demográficas y geográficas que influyen para que esta se produzca, pero que no son objeto de esta reflexión.
 
 
Fernando M. García Nieto
 

Destacados

Lucena Digital

Prensa independiente. Lucena - Córdoba - España

Aviso Legal | Política de Privacidad | Política de Cookies |  RSS

© 2026 Lucena Digital, Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización