CORPORATIVISMO Y NEOPLURALISMO, por Fernando M. García Nieto

Como continuación del anterior artículo, vamos a intentar explicar algunas características de las principales teorías políticas alternativas al modelo pluralista de intermediación con grupos de intereses.  


    En el Corporativismo, el Estado considera como principal división social la existente entre los empresarios y los trabajadores, representados por las asociaciones empresariales y los sindicatos respectivamente, y reconoce, otorga licencia y concede, monopolios de representación a estos dos grupos sociales. Son los “interlocutores sociales” o los “agentes sociales” que tanto hemos escuchado y visto en distintos medios de comunicación por boca de los distintos gobiernos de nuestro país. Estos grupos participan en reuniones tripartitas con altos funcionarios del Estado. Y los acuerdos adoptados en estas suelen dar lugar a nueva legislación reflejando un amplio consenso social.  


    El otro modelo que quiero describir es el Neopluralismo. Los neopluralistas mantienen que los sesgos inherentes al pluralismo y la “lógica de la acción colectiva” se pueden superar si los altos funcionarios dejan de comportarse como árbitros neutrales. En este modelo de política los burócratas identifican los intereses públicos infrarrepresentados, y les ofrecen subsidios, financiación, y acceso al gobierno y al diseño que este hace de las políticas públicas. Esto no consiste en privilegiar de forma permanente a un conjunto de intereses sociales en todas las políticas públicas, al contrario, para cada tema el Estado favorece al grupo que representa al interés público en juego.


    Por ejemplo, en un modelo de política neopluralista se pide a los grupos medioambientales o ecologistas que informen sobre normas industriales, a los consumidores que informen sobre normas de calidad de los productos o a las mujeres sobre la legislación de igualdad de género.  


    Pero estos dos modelos de política de grupos también tienen sus propios problemas e inconvenientes.  Primero, privilegian arbitrariamente a determinados intereses sociales y excluyen a otros. Segundo, empresas y trabajadores pueden tener similares “intereses de productores” y fomentar estos a expensas de los intereses difusos de consumidores y contribuyentes. Tercero, el necesitar el consentimiento de todas las partes implicadas en determinada política pública reduce la capacidad de los que la diseñan para poder cambiarla y hace que el proceso sea más lento y menos ágil.


    Cuarto y más grave, el hecho de que se proporcionen fondos estatales a grupos de intereses públicos introduce un “incentivo perverso” para que estos grupos se organicen con la finalidad de asegurarse los subsidios estatales, en lugar de promover las opiniones e intereses políticos de sus propios miembros.  


    Pero, puede ser que la crítica de Olson hacia el Pluralismo, que veíamos en la anterior entrega, sea exagerada. Algunos teóricos argumentan que la atención política a un grupo de interés concentrado aumenta los incentivos para que el grupo “perdedor” se organice para oponerse a las políticas resultantes. Llegado a cierto nivel el secuestro de una cuestión por parte de un grupo organizado, surgirá un “equilibrio” forzado por otros que se organizarán y se activarán para obstaculizar e impedir beneficios ilimitados a los intereses concentrados del primer grupo (Becker).


 Además, puede ser que la información sea más importante que el poder organizativo. La información que proporcionan los grupos de interés para el diseño de las políticas es más creíble si ha costado mucho obtenerla y proporcionarla. Así que es más probable que los que diseñan la política utilicen la información proveniente de los grupos de intereses difusos antes que la de los grupos concentrados (Luhmann).


Finalmente, debemos tener en cuenta que no existe ningún modelo perfecto de representación de los grupos de interés en el proceso político. La estructura de los mecanismos de grupos en un área de la política depende de la naturaleza de los incentivos, y de los intereses de esos grupos y de los que diseñan esas políticas concretas.

Fernando M. García Nieto

[1] https://www.lucenadigital.com/opinion-lucena/representacion-de-intereses-en-el-proceso-politico-por-fernando-m-garcia-nieto

[1] https://euroefe.euractiv.es/section/asuntos-sociales/news/bruselas-insta-a-los-paises-a-garantizar-la-consulta-de-los-agentes-sociales/

[1] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Paginas/2022/210722-sanchez-ecologistas.aspx

[1] https://revistajaraysedal.es/grandes-asociaciones-ecologistas-subvencionadas-gobierno-calladas-energias-renovables/

Un choque accidental y una foto casual, por Julián Valle Rivas

jorge de burgos el nombre de la rosaEs sábado por la mañana y abril está a punto terminar. Me he acercado a una feria del libro en busca de un par de títulos descatalogados, de esos que ya no se reeditan. Mis esperanzas son prácticamente nulas; en la actualidad, pocas ferias de este tipo reservan espacio para las obras descatalogadas o de viejo. En realidad, esta últimas, las usadas o de segunda mano, no son santo de mi devoción. En algún momento excepcional he adquirido libros de este tipo, más por el hallazgo inesperado del título o por la necesidad de añadirlo a mi biblioteca que por resultar proceder recurrente.

 

    Reconozco el valor del movimiento de los libros. Falta de espacio, desinterés hereditario, lectura decepcionante o instrumento económico; a veces, se prescinden de volúmenes como en febrero se prescinde del juguete regalado en navidades, y siempre es preferible que lleguen a las manos adecuadas o solícitas, antes que quedar abocados a la destrucción, a la desaparición o a la terrible oscuridad del olvido. Puede deberse, mi rechazo hacia el libro usado, a mi peculiar negativa a prestar libros o, por precisar, a mi peculiar negativa a que el libro abandone el recinto donde se encuentra mi modesta biblioteca. Quiero decir que no es que se trate de obras reservadas sólo para mis ojos, cuales ejemplares a recaudo de Jorge de Burgos (aunque admito que aquí el símil patina un poco, al ser un personaje ciego, sé de sobra, lector adiestrado, que me ha comprendido), sino que puedo permitir que sean leídas «in situ», y sin que nadie fallezca a causa de la curiosidad (sí, a colación de lo de Jorge de Burgos). Todo libro merece ser leído y difundido, porque todo libro es provechoso, para el intelecto y el alma. Cosa distinta es que cualquiera se crea capacitado para publicar un libro o que cualquiera se tope con editor que así lo crea y, encima, cuente con lectores crédulos en demasía; pero, entre las facultades del entusiasmo, se alza la de impedir apreciar el veneno que se traga al humedecer la yema de los dedos para pasar las páginas (perdón, inevitable acudir de nuevo a Jorge de Burgos).


    Y divago, como de costumbre… El caso es que abril cierra inusitadamente cálido y la mañana de sábado amenaza con preservar el éxito canicular, pese a que una masa de nubes con feo tono grisáceo pretenda, ilusa, pugnar por el protagonismo. Me adentro en la feria, entonces, a una hora en la cual el sol, que no atiende a eventos culturales ni mundanos, comienza a enfocar, poderoso y cruel, sobre una de las dos líneas paralelas de casetas erigidas para la ocasión. Me decido a iniciar el avance por esta línea, presta la agilidad, a fin de rehuir en tiempo récord la fulgurante acción de carbonización del astro rey. Hay un número razonable de público circulando por el escenario, el suficiente como para facilitar la intención gulusmera sin vislumbrar el desierto en la calle improvisada por los puestos. Así que me lanzo a la caza. A través de un altavoz, una voz femenina anuncia el nombre del próximo autor dispuesto para la firma de ejemplares y la caseta donde aguarda a sus lectores. La edad de los asistentes es muy variada, si bien, muchos padres y abuelos aprovechan el descuento para agenciarse algunos libros infantiles, y pronto confirmo aquello que barruntaba al principio. Predominan, colocaditos con esmero y conveniencia sobre los tenderetes de las diversas librerías, los títulos de reciente tirada o de edición todavía rotativa. Títulos literarios, ensayísticos, con especial sección al ámbito y a la autoría locales, lo que es de agradecer, y apéndices vinculados al republicanismo español, único faro moral y bandera democrática de nuestra historia, por descontado. Me llama la atención la ausencia o escaso cupo de autores y títulos clásicos, de la literatura universal, que atribuyo… En fin, a lo que lo atribuyo serviría de disertación aparte.


    En ello estoy, pues, corroborando mis expectativas a medida que supero las casillas literarias, cuando, al girar, accidental, se lo juro por mi edición apostillada de «El nombre de la rosa», fortuitamente, dado que me ha flanqueado por la zona neutra de la visión, me choco, ligeramente, eso sí, con un hombre que se aproxima al mismo estand. De inmediato, me disculpo. En puridad, no me he percatado de su cercanía. Sin embargo, el hombre, de apariencia sexagenaria y considerable diámetro a la altura de la cintura, que pasea dialogando con quien percibo que es su esposa, sin siquiera inmutarse, continúa a lo suyo: de charleta con su mujer, mientras se acerca a comprobar lomos. Ni amaga con mirarme, mucho menos con dirigirse a mí, para restar importancia al percance o para recriminarme la falta de cuidado. Nada. Suceso ignorado.


    Superado el pequeño revés, aún un tanto perturbado o sorprendido por el apático comportamiento del hombre, deambulo por las últimas casetas de la feria. En una de ellas, el librero intercambia impresiones con una joven y un hombre alto y maduro; ha superado éste la cincuentena, quizá, ronda la edad de la estrella de mi incidente anterior. No he estado pendiente de la conversación; no obstante, la joven parece ser la escritora cuya obra vende el librero, y el hombre, por su parte, sin estar seguro del todo, insisto, una suerte de antiguo profesor o mentor, a quien, en un instante, se le ocurre la feliz idea de inmortalizar la reunión. La casualidad de mi presencia le lleva a pedirme si me importaría encargarme de la ejecución fotográfica, lo que acepto encantado. La joven me entrega su teléfono, los tres posan delante del objetivo, ella al centro, los hombres a un protocolario y respetuoso palmo a cada lado. Realizada la foto, los tres vuelven raudos a su coloquio y ella, sin desviar la mirada de sus interlocutores, recupera el teléfono de mi mano oferente. No espero un agradecimiento, sí, al menos, un saludo de despedida… Nada. Otra vez la apatía del comportamiento, la ignorancia hacia el semejante.


    Al poco, me alejo de la feria del libro. No me preocupa lo infructuoso de mi misión literaria. Me preocupa qué sucede con nuestra condición social, con nuestra naturaleza gregaria… O qué diablos pasa, simplemente, con nuestros buenos modales, con nuestra buena educación.


Julián Valle Rivas

REPRESENTACIÓN DE INTERESES EN EL PROCESO POLÍTICO, por Fernando M. García Nieto

“Las instituciones darán a los ciudadanos y a las asociaciones representativas, por los cauces apropiados, la posibilidad de expresar e intercambiar públicamente sus opiniones en todos los ámbitos de actuación de la Unión. Las instituciones mantendrán un diálogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas y la sociedad civil” (Art. 11 del Tratado de la Unión Europea).

 

   Los grupos de interés desempeñan un papel fundamental en todos los sistemas políticos democráticos en el diseño de las políticas públicas. La participación en este proceso de una sociedad civil fuerte y activa es garantía de legitimidad de esas políticas. Aunque en la Unión Europea (UE) la sociedad civil es débil a nivel nacional, en Bruselas es más compleja y desarrollada que en la mayoría de las capitales nacionales, y no se diferencia mucho de la de Washington DC.


    Los grupos de interés son grupos de personas, ya sea que estén organizados formal o informalmente, que trabajan para alentar o prevenir cambios en las políticas públicas sin tratar de ser elegidos ellos mismos. A veces también llamados "grupos de interés especial", "grupos de defensa" o “grupos de presión”, generalmente trabajan para afectar la política pública de manera que se beneficien ellos mismos o sus causas.      


    El Pluralismo es el modelo clásico de la política de grupos de interés en los sistemas democráticos. La idea central es que el acceso abierto de ciudadanos particulares y grupos organizados a los que diseñan las políticas y toman decisiones, proporciona, por sí mismo, un sistema de contrapesos frente a los funcionarios estatales poderosos o grupos que secuestren la política (Bentley). Para cada grupo en particular que presiona para fomentar sus intereses siempre habrá otro grupo que defenderá la opinión contraria. Y como las divisiones sociales se entrelazan tendremos múltiples oposiciones a cualquier grupo determinado (Lipset).


    En otras palabras, hay un “poder compensatorio” frente a cualquier grupo organizado que intente favorecer sus intereses privados contra el “interés público”. Para ello es imprescindible la igualdad de acceso al proceso político, y por tanto la igualdad de influencia en el mismo. Siendo esto como lo acabamos de describir, lo único que deben hacer los funcionarios del gobierno para favorecer el interés público es ejercer de “árbitros neutrales”.


    Pero la teoría pluralista supone con ingenuidad que los grupos opuestos tendrán una igualdad natural de acceso al poder. Olson lo tenía claro; “… grupos relativamente pequeños podrán a menudo organizarse voluntariamente para actuar en apoyo de sus intereses comunes… los grandes grupos normalmente no podrán hacerlo, el resultado de la lucha política … no será simétrico … los grupos más pequeños … a menudo pueden vencer a los mayores, que son quienes normalmente, se supone, deben prevalecer en democracia. Los grupos privilegiados a menudo triunfan frente a fuerzas numéricamente superiores porque están organizados y suelen ser activos, mientras que los segundos normalmente están desorganizados y suelen ser inactivos.”


    El motivo de esta disparidad entre grupos, para Olson, es la “lógica de la acción”; en la cual hay incentivos para unirse a un grupo que persigue beneficios solamente para sus miembros (intereses privados), mientras estos son escasos o inexistentes para unirse a un grupo que persigue beneficios para toda la sociedad (intereses públicos). Según esta idea en los intereses públicos la gente puede simplemente “subirse al carro” de las acciones de los demás. Es el caso de los “gorrones” o “freeriders” según distintos autores.


Es más probable que puedan organizarse los “intereses concentrados” como los intereses de productores, consumidores, trabajadores, etc., y menos probable que puedan organizarse los “intereses difusos” de la sociedad en su conjunto (Wilson).


    Esta lógica de la acción sugiere que, en igualdad de condiciones pluralista, el acceso abierto al gobierno puede conducir a fuertes presiones sobre los cargos públicos y funcionarios por parte de los grupos bien organizados y concentrados, lo que daría lugar a resultados de política que benefician a los intereses especiales o particulares a expensas de los intereses de la sociedad en su conjunto.


    Para superar este sesgo en los resultados del proceso político han surgido dos modelos alternativos de intermediación de los grupos de interés. En ambos, el Estado fomenta una estructura política de grupos específica para generar “outputs” más equilibrados en el Sistema. Son los modelos Corporativista y Neopluralista, a los que me referiré en otra entrega.  

 continuación

Fernando M. García Nieto

[1] Grupos de presión y transparencia (europa.eu)

[1] ¿Qué son los grupos de interés? Definición y ejemplos (greelane.com)

 

 

MEDIOS BIEN REGADOS POR EXPERTOS, por Alfonso Jiménez

"Unos medios, una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirán un pueblo cínico, mercenario y demagógico"

                                                       Joseph Pulitzer


    Hay sequía, mucha sequía y casi toda España clama por la falta de agua. Pero esta otra noticia no la publicarán muchos  medios, porque ellos están siendo bien regados y no sienten alarma, ya que algunos y algunas Comunidades les están dejando caer una lluvia de miles de euros muy bien distribuídos. De esto solo han informado Infolibre y elDiario.es. Como el informe es largo y lo de leer resulta muy pesado a muchos, voy a resumirlo un poco. Veamos los datos por orden.

1.- En los tres años de pandemia, murieron en la Comunidad de Madrid 7.291 personas ancianas en residencias de mayores, por causa del covid y por un protocolo oficial que impidió trasladar a los hospitales a quienes estuviesen alta dependencia física o fuerte deterioro cognitivo, salvo los que tenían seguros privados. El citado protocolo fue firmado por el Director de Coordinación Sociosanitaria del Gobierno de Ayuso y enviado por e-mail a todos los altos cargos de la Comunidad.

2.- El periodista de Infolibre, Manuel Rico, ha estado haciendo un gran trabajo de investigación titulado El protocolo de la Vergüenza, informando sobre la hecatombe sufrida por los residentes más vulnerables, lo que sirvió a los familiares para denunciar estos lamentables hechos ante la Justicia, que no los consideró delictivos y le dio el carpetazo. Se confirma un vez más: "Donde hay poca justicia es un peligro tener razón" (Quevedo).

3.- En febrero pasado los familiares de personas mayores alojadas en varios geriátricos madrileños, especialmente la residencia pública Francisco de Vitoria, denunciaron la falta de personal y la pésima alimentación que seguían recibiendo los residentes. Ante estas quejas el gobierno de Ayuso, en vez de eliminar las deficiencias, montó una campaña publicitaria gastando casi un millón de euros para que los medios de la región jalearan tan eficaz gestión y los buenos servicios que se disfrutaban en sus residencias.

4.- La lluvia de dinero se hizo en dos tandas: una de 494.000 euros para prensa de papel y radio, y otra de 404.000 para medios online. El riego de estas cantidades sobre los medios de comunicación lo hizo la agencia Irismedia S.L., muy experta en esto, pues en noviembre 2022 se le había adjudicado un contrato marco de 27`5 millones de euros para realizar este tipo de campañas publicitarias.

5.- Ya se ha comprobado que esta lluvia ha beneficiado a un total de 79 medios, entre generalistas (El País, El Mundo, ABC, La Razón, 20 Minutos y el Periódico de España), radios (Cope, Onda Cero, Cadena Ser, esRadio, Radio Marca o Radio Intereconomia). También a más de 60 medios de comunicación pequeños de toda la comunidad de Madrid.

     Ninguno de estos medios ha informado de estas lluvias tan gratas vertidas sobre sus prados. No han querido engañarnos más de la cuenta. Qué gran detalle.

alfonjimenez.blogspot.com

«RRR», por Julián Valle Rivas

rrrSuelo ver cine asiático, aunque Asia es muy grande, claro. He deleitado el cine japonés, chino, coreano, iraní, indonesio, taiwanés, ruso, turco… No suelo ver, por contra, cine indio; de hecho, no sé si habré visto alguna de sus películas… puede que algo residual haya caído, nada destacable. No tengo demasiada afición a los musicales, y el predominio de Bollywood es evidente. Mucho baile y muchas canciones, temática que, salvo honrosas excepciones, no es de mi gusto.


    La cuestión es que, en los últimos tiempos, se ha destapado Tollywood, y se ha hablado, se ha alabado y se le ha dado tanto reconocimiento a la película «RRR», del director SS Rajamouli y presupuesto récord, que, disponible con subtítulos, me he dejado llevar por la curiosidad y me he sentado ante la pantalla para valorar sus tres horas de metraje. La sensación, tras su visionado, es algo fresco, una placentera novedad de la que he disfrutado risueñamente, como un bebé disfruta por primera vez de un juguete.


    La historia, que más que una historia es un cuento, con sus mitos, sus leyendas, sus hiperbólicas acciones, casi histriónicas, nos traslada a la India de 1920. Una India sometida al colonialismo británico, donde una niña de dulce voz perteneciente a una tribu marginal es separada (o secuestrada) de su familia por el gobernador británico y su esposa a cambio de unas míseras monedas. En un intento por detener el convoy que traslada a su hija, la madre es humillada y salvajemente maltratada; repugnante es el discurso del gobernador consagrado a que su soldado no malgaste una bala para zanjar el asunto (discursito que será recurrente en la trama). Beheem, protector de la tribu, viajará entonces, bajo identidad falsa, con la misión de rescatar a la pequeña. A su vez, Raju, oficial del Raj, a fin de medrar en el ejército, se infiltrará de incógnito en los barrios de la ciudad para atrapar al rescatador. La fortuna hará que, en una situación límite en la que está en juego la vida de un niño, los caminos de los dos protagonistas se crucen y, entendiéndose al instante, en una suerte de acrobacia fantasmagórica, salven al menor de una muerte segura. La más entrañable de las amistades surgirá de inmediato entre los dos hombres, inconscientes de que sus destinos son contrapuestos. Enfrascado en su misión de rescate, Beheem se enamorará de la joven británica Jenny, quien reside en la casa del gobernador y a quien Raju ayudará a conquistar. El desconocimiento de la lengua inglesa por parte de Beheem generará algunas escenas con Jenny de afable comicidad y una magistral de canción y baile que se marcan los dos protagonistas (metáfora de una batalla contra los colonialistas), digna de aplausos y de cualesquiera signos de elogio que se pudieran dispensar. Al cabo, Beheem descubrirá que la pequeña a quien busca se encuentra en la casa del gobernador, por lo que emprenderá un abracadabrante plan de rescate, pomposísimo de fantasía, el cual será abortado por Raju, quien revelará su enmascaramiento, apresando al que fuera su amigo, que quedará destrozado por la traición. Paralelamente, se han ido sucediendo varias analepsis a través de las cuales se ha narrado la historia de Raju, quien, en verdad, también se halla sujeto a la palabra dada a su pueblo y a la promesa hecha a su padre y a su prometida. Atormentado por la traición a su amigo, Raju, consciente de la fuerza motivadora de Beheem, sacrificará sus objetivos y, aún como traidor a los ojos de su amigo, lo liberará de la ejecución y favorecerá su huida con la niña, siendo, en consecuencia, detenido y encarcelado por los británicos. Será la estancia en la ciudad de la prometida de Raju la que desvelará la verdad a Beheem, quien acometerá el rescate de su amigo para regalar al espectador una nueva serie de secuencias de acción imposible, iluminadas por el esperpento, ametralladoras de las leyes físicas y emperifolladas de mitología y tradición indias. Se cierra el filme con una usual escena de música y baile espumosa de patriotismo.


    Porque «RRR» es una película tremendamente patriótica, que condena la opresión y el salvajismo del colonialismo británico, y ya iba siendo hora de que alguien les diera sus merecidos palos a los británicos en una película. Y vaya si se llevan palos, tantos que no resulta exagerado barruntar que, entre Beheem y Raju, acaban con la totalidad del ejército británico en la colonia india. En cuanto a lo del patriotismo, bueno, estamos cansados de aguantar en el cine las banderas estadounidenses ondeando al viento con el refulgente sol naciente a contraluz, y no pasa nada.


    Por lo que respecta a la acción fantasiosa, que escupe al extremo sobre los principios gravitatorios, cierto que siempre la he criticado hasta el enojo y la he vapuleado hasta el desprecio, como ha ocurrido con la saga «Fast & Furious». Pero «RRR» se envuelve de un misticismo y de un aura de fábula o cuento tradicional que se sobrepone frente a cualquier rechazo.


    En definitiva, para saborear «RRR» es necesario asumir determinados parámetros: el peculiar sentido indio de la amistad, la incorporación de sesiones de música y baile, la acción acrobática inverosímil, los efectos especiales chirriantes por momentos, el marcado alegato patriótico y la censura del roce con la chica británica. Asumidos, nos sorprendemos con una buena historia, bien narrada; una genial banda sonora, salpicada de entretenidas y pegadizas canciones (en número inferior al previsible, anecdótico), puestas a veces al servicio de la propia narración; unas magníficas interpretaciones, con unos protagonistas mazados de gimnasio; unas apabullantes coreografías, tanto en acción como en bailes (alcanzado fama por sí solas); y una cuidada fotografía y una factura técnica impecable (brillantes los encuadres y posicionamiento de cámaras).


    «RRR», pese a haber sido concebida para su exportación y comercialización en el mercado internacional, es, lo tecleaba al inicio, un soplo de aire fresco, algo igual y distinto, amable y tensa, contenida y explosiva, dramática y afectiva. Conmovedora. Un tratado sobre la amistad. Una asombrosa épica. Un placer recomendable.

 

Julián Valle Rivas

Carta a Juan Pérez, por Antonio Sánchez Villatoro

Antonio Sánchez Villatoro
LOCALIDAD
30 ENERO 2018

 


Juan Pérez Guerrero
LOCALIDAD

 

"Estimado Juan:
Sirva la presente para tratar de poner fin a las diferencias que podamos haber tenido como consecuencia de nuestras discrepancias en cuestiones políticas que nos han enfrentado a raíz de nuestros distintos modos de ver cómo había de actuarse, derivando en manifestaciones/intervenciones que habrán de advertirse inoportunas.

En primer lugar quiero dejarte constancia de que nada de lo que yo pueda haber dicho o escrito lo ha sido con otra intencionalidad  que la de una discusión políticia. Nunca contra Juan Pérez como persona. Y si en algún momento has podido pensar que se ha podido deducir que cualquier opinión, publicación, actitud o expresión dicha por mí iba dirigida a ti como persona lamento que la redacción dada haya podido dar esa impresión y te pido mis más sinceras disculpas.

Lamento, por consiguiente, que mis opiniones o actuaciones dirigidas a medios de comunicación hayan podido molestarte u ofenderte tanto a ti, de manera directa, como a tu familia. No ha sido esa mi intención y asumo el compromiso de evitar, en lo sucesivo, situaciones o manifestaciones que puedan dañar o menospreciar tu integridad profesional o imagen personal.

No sé qué más puedo decirte para disculparme por lo que pueda haberte molestado salvo que no ha sido nunca mi intención perjudicarte, ni política ni personalmente, a pesar de que hayamos tenido nuestras discrepancias en el partido en el que ambos militamos y por el que debemos seguir luchando a pesar de nuestros distintos puntos de vista.

Por último, te participo que, si así se estimara, no tengo inconveniente en expresar el sentir de este documento de conciliación en medios de difusión y comunicación.

En definitiva dejamos constancia de que hemos resulto nuestras diferencias.

Sin otro particular recibe un afectuoso saludo de tu compañero.

Antonio Sánchez Villatoro".             --------------------

Esta carta se escribe porque con anterioridad, el sr. Pérez me denuncia ante el juzgado de Lucena por un delito contra su honor. Siendo neófito en este asunto consiento en el acuerdo al que llegaron los abogados y entonces firmé la carta que me presentaron.

Tengo que decir que fundamentalmente acepto el acuerdo y lo firmo porque esta persona, que quizás olvida que es un político: secretario general del PSOE de Lucena, incluye que “le estoy haciendo daño a su familia”. Es la primera vez en mi vida que un político usa este argumento familiar para defender su honor. Honor que nunca fue puesto en duda por mí.

Su argumentación de delito contra el honor se basa en:
*Expediente de sanción que me abre el partido en Lucena. Expediente que no fue tenido en consideración por la Ejecutiva Federal del PSOE.

*Manifestaciones políticas que yo hago en Asambleas. Manifestaciones que NO SON PÚBLICAS  y que él aporta al juzgado, incumpliendo los Estatutos del partido. No puede afectar a su honor lo que yo no hago público. Y

* Un artículo mío de opinión que se publica en LUCENADIGITAL.

Por último:
*El acuerdo que firmé para cumplir el capricho de este político tuvo un coste en concepto de abogado de 3.000 euros, que fueron pagados conjuntamente por unos amigos que formamos una reunión a la que llamamos “MARTES SOCIALISTA".

Saludos a los socialistas que no forman parte del “clientelismo”. Evidentemente, yo no votaré a Juan Pérez.

 

Destacados

Lucena Digital

Prensa independiente. Lucena - Córdoba - España

Aviso Legal | Política de Privacidad | Política de CookiesRSS

© 2026 Lucena Digital, Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización