Lleva quizá, no sé, más de un año dándome la murga con la misma historia. Ahora paseamos por la calle, ritmo pausado en el andar, aire tranquilo, despreocupado, en contraste con el de algunos de nuestros paisanos, sofocados por el constante estrés de la vida. De esa vida que merecemos, forjada a fuego por el deseo de dominio, por la soberbia desbocada ante la indómita e inmutable naturaleza del tiempo.
El caso es que el día se ha presentado turbio y desapacible. El cielo encapotado amenaza lluvia, que en las últimas horas se ha manifestado de manera intermitente, pese a que el frío no es extremo, dadas las fechas. Me lo he tropezado de vuelta a casa, y me acompaña tranquilo y callado. No es un tipo muy parlanchín, así que no se trata de una excepción. Me ha sorprendido verlo: aseado, arreglado y afeitado. Lo que, sí, no es demasiado habitual en él. «Te estás haciendo viejo», le he reprochado al señalar su cuidado aspecto. «Julián —me ha replicado mirándome de soslayo, serio—, vete a la mierda, hazme ese favor».
Mi amigo Tito y yo caminamos de vuelta a casa, entonces, sin soltar palabra, porque entre familiares y amigos, en múltiples ocasiones (¡más de las que podamos imaginar o admitir!), basta la compañía, el sentir que la otra persona se encuentra ahí, al lado, de donde no se moverá jamás, pase lo que pase. De repente, un viandante nos sobrepasa, portando un periódico bajo el brazo, y recupera el tan manido tema: las restricciones y los condicionados que la prensa ha ido imponiendo en sus entradas digitales. Continúa su queja por el acceso cada vez más limitado a los artículos de opinión en los principales periódicos nacionales, cuyas lecturas apenas es capaz de contar con los dedos de una mano. Lo espeta como de costumbre, indignado, resoplando tras cada frase o improperio (abunda más lo segundo que lo primero). Con mucho agitar de brazos y mucho aspaviento, como si realmente le importara un carajo la opinión de nadie. Factor que constantemente le recuerdo. «Y me importa un carajo, joder —me reconoce—. Es por la literatura periodística». Perenne empleo de la misma expresión: «literatura periodística»; y un punto de sorna se deja entrever en la comisura de sus labios… Literatura periodística… Nos ha fastidiado, el literato.
En realidad —pues aquello de la literatura en el periodismo es algo pretérito en exceso—, lo que le quema es el pago, la contraprestación que la edición digital del periódico le exige para acceder a los artículos. Sea en forma de desembolso económico mensual, sea en forma de registro para el almacenamiento de datos con los que el requirente pueda traficar a sus anchas, y origen de esas llamadas comerciales o correos electrónicos publicitarios, cuyos detalles personales ignoras cómo diablos pudieron conseguir.
La era digital demanda gratuidad. El consumidor pretende que cualquier elemento o información que circule por la red o se extraiga de ella ha de ser necesariamente gratuito. Pero tamaña desproporción entraña un peligro o invita, al menos, a tener presente una premisa incuestionable. Este suscribiente ha sido el primero en clamar al cielo por los desmesurados y abusivos costes del suministro de Internet en España. Por muchas gilipolleces de llamadas ilimitadas o paquetes televisivos que te graven las compañías, condicionando los productos ofrecidos y engrosando la factura mensual, la cual elevan al gusto, en función de la transformación del paquete en cuestión; por mucho de esto, tecleaba, o pagas el precio impuesto por las principales compañías o te acoges a otras de inferior categoría que recurren a las líneas de las anteriores y, por ende, a su capricho.
Sin embargo, y al margen de la mitad divagatoria del precedente parágrafo, no es viable reclamar Arte —y la literatura no deja de ser eso: Arte— a condición de su gratuidad. El creador no vive del aire, tampoco de los laureles de la gloria, a pesar de que nunca vengan mal. El creador ha de subsistir para mantener o desarrollar sus dones creativos, ya que, de lo contrario, su prioridad (¡como la de cualquier ser humano, oiga!) será la de sobrevivir, haciéndolo en el ámbito laboral que se lo permita, a costa o bajo el sacrificio de su creatividad, de su arte. Pérdida para la humanidad. El creador, en consecuencia, ha de ser remunerado por su trabajo; y el lector pagar lo justo a su articulista.
Luego, claro, se suceden secundarias opciones, como es la del mecenazgo. El Arte requiere de mecenas, recuerdo haber escrito en otra ocasión, más o menos. El artista, el creador cubierto por un mecenas tiene asegurado el sustento. La duda estribaría en el grado de libertad creativa, la ponderación subyacente, puesto que, en cierta medida, la relación de dependencia marcaría el contenido de la creación. El resultado sería una obra de arte, por supuesto. No obstante, sería una obra de arte sometida a las circunstancias… Esencia que siempre será mejor que la nada.
Julián Valle Rivas
"La señal infalible de un mal reinado es el exceso de elogios dirigidos al monarca" (Marqués de Vauvenargues, moralista francés).
Aunque de familia francesa (los Borbones), Juan Carlos I es italiano de nacimiento pues nació en Roma; se crió en Suiza y Portugal; se formó en España y se casó con una griega. Con tan variados antecedentes residenciales no resulta fácil escoger un sobrenombre acertado para su figura.
Ni el Francés, ni el Romano, ni el Suizo, ni el Portugués, ni el Español, ni el Griego. Ninguno de esos apelativos cuadraban bien. Por eso, a la mayoría de sus medios afines les dio por apodarlo como el Campechano. Si bien, otra gran parte baraja alias mas peyorativos como el Panameño, El Bribón, el Comisionista, el Cazador, etc.
Otro sector algo más irónico y cachondo le ha llamado el Telepredicador (navideño) el Tributario (con Hacienda), el Justiciero ("la justicia es igual para todos)". No obstante, sus amigas más íntimas preferían llamarlo el Dadivoso; menos Corina que lo ha tildado de el Blanqueador.
Sin embargo, yo creo que el sobrenombre que más le puede cuadrar a Juan Carlos I es el AFORTUNADÍSIMO, por los siguientes motivos:
1.- Nació en Roma el 5-1-1938, en la noche de Reyes, y a los pocos días fue bautizado por el cardenal secretario de la Santa Sede, Eugenio Pacelli, meses después papa Pío XII.
2.- En 1942 se traslada junto a su familia a la ciudad de Lausana (Suiza) en donde viven unos años, pero en 1946 se mudan a Portugal y fijan su residencia en Estoril.
3.- En una entrevista celebrada entre su padre don Juan de Borbón y Franco, se acordó que Juan Carlos se trasladara a España para cursar sus estudios y al cumplir los diez años es cuando pisa suelo español por primera vez.
4.- En España, entre 1955-1959, realizó su instrucción en la academia militar de Zaragoza, en la escuela de Marín en Pontevedra y en la academia general del Aire en San Javier. O sea, en menos de 4 años, todo listo en Tierra, Mar y Aire, a pesar de la dislexia que padecía y le impedía concentrarse, según su hermana Pilar.
5.- En 1956, con 18 años cumplidos, Juan Carlos mató de un disparo involuntario a su hermano menor Alfonso, de 14 años, con un revólver que le habían regalado. Ante este luctuoso suceso su padre le dijo a Juan Carlos: "Júrame que no lo has hecho a propósito". Aunque Jaime de Borbón, tío de Juan Carlos, solicitó meses después investigación judicial sobre lo sucedido, todo quedó sin más.
6.- En 1962 Juan Carlos contrae matrimonio con Sofía de Grecia por los ritos ortodoxo y católico en la catedral de Atenas.
7.- En 1963 Franco autoriza que la pareja se traslade a España y les asigna residencia en el palacio de la Zarzuela.
8.- De haberse cumplido las reglas dinásticas, la sucesión correspondía a su padre, don Juan de Borbón, pero Franco lo puenteó y nombró a Juan Carlos Príncipe de España (título nuevo) y, aunque éste había dicho al Times (21-1-1966) que "jamás aceptaré la Corona en tanto mi padre viva", el 22-7-1969 aceptó que Franco lo designara como su sucesor a título de Rey de España y juró guardar y hacer guardar las leyes fundamentales del Reino y los principios del Movimiento Nacional franquista.
9.- Tras la muerte de Franco en 1975 y convertido Juan Carlos en Rey, en 1978 se aprobó la nueva Constitución Española que define a España como una Monarquía Parlamentaria, con un artículo 56-3 hecho a medida y que dice que "la persona del Rey es inviolable y NO está sujeta a responsabilidad"
10.- El 23F de 1981, el teniente coronel Tejero irrumpe en el congreso de los diputados en Madrid con el intento de un golpe de estado militar, al parecer promovido por algunos generales para hacerse con el poder y tras seis horas de extraño silencio, Juan Carlos I desautoriza el golpe (con el que según algunos simpatizaba) y opta por el proceso democrático.
11.- Durante 39 años su "hiperelogiado" reinado ha tenido algunas luces, como la transición democrática, y muchas sombras en todos los niveles: filial, familiar, matrimonial, extramatrimonial, jefatura del Estado, amigos (Colón de Carvajal, Mario Conde, Javier de la Rosa-todos pisaron la cárcel-) comisionista encubierto, corruptelas múltiples y amantes superpagadas.
12.- A pesar de todas esas sombras que fueron tapadas por su propia familia, por la Casa Real, los jefes de Gobierno, destacados políticos y por todos los medios de comunicación durante tantos años pero que ya se han conocido, el rey Juan Carlos abdicó (2014) en su hijo Felipe, el Preparado, y se autoexilió a los Emiratos árabes, en donde vive como un rajá y el Estado español le sigue pagando hasta los guardaespaldas.
Conclusión.-
a) Por su inmensa fortuna (1.700 millones de euros, según la revista económica Forbes) amasada irregularmente (fundaciones Lucum, Zagatka, offshores, etc), con el silencio de Hacienda y con el carpetazo de la Fiscalìa.
b) Por las 15 veces que PP, PSOE y Vox han impedido al Congreso que se pudieran investigar esas presuntas irregularidades cometidas durante su reinado, y por los turbios episodios de los que ha escapado sin pisar el banquillo ni la cárcel, se le puede llamar con todos los honores EL AFORTUNADÍSIMO.
Puede parecer un cuento, pero es muy cierto y real. Lo intento narrar tal como ocurrió y me lo ha contado mi hijo con el sentimiento propio de haberlo vivido en directo.
Vamos a situarnos en las Baleares. Faltan diez minutos para las ocho de la mañana del día 23 de diciembre. Mi hijo, tras dejar el coche aparcado, se dirige a pie a su trabajo. Al pasar junto a un colegio cuya puerta está cerrada, ve a un niño que llora a gritos y se acerca a él rápidamente. También acude una señora preocupada por el llanto del crío.
— ¿Qué te pasa, niño? Por qué lloras? —le pregunta mientras la señora solamente observa.
— Mi mamá se ha ido y estoy solo —responde entre gritos.
Le pregunta si sabe el número de teléfono de su mamá y dice que no, sin dejar de llorar. Mi hijo, que también tiene dos en edad escolar, sabe que ese día 23 no hay clase en las Baleares porque se inician las vacaciones navideñas. Le pide la mochila y le saca el diario escolar; comprueba que el niño tiene 6 años de edad y en la segunda página está el nombre alemán de la madre y el número de teléfono; no figura ningún dato del padre. Llama desde el móvil a la madre en varios intentos y no responde. Esto se le complica un poco.
— ¿Sabes a dónde ha ido tu mamá?
— Al hotel, a trabajar.
— ¿Cómo se llama el hotel?
— No sé, pero sé que está aquí cerca.
Vamos allá, decide. Lo coge de la mano y se encaminan al hotel. El niño parece despierto para su edad. La mujer que acudió al oírlo llorar, también se ofrece a acompañarlos; no habla pero no pierde detalle. Cuando estaban llegando, suena el teléfono respondiendo a las llamadas de mi hijo, que informa a la madre de lo ocurrido. Ella se alarma y dice que va a por él.
— No se preocupe, ya estamos casi en la puerta del hotel.
Sale la madre, abraza al niño y lo tranquiliza. Se ve claro que es alemana por su estatura y aspecto. Se disculpa con lágrimas por el despiste sufrido, le agradece la ayuda prestada y se lleva a su hijo dentro del hotel. En ese momento el niño se vuelve y grita:
— ¡Que no se vaya él ! ¡Que mañana viene santa Claus y me trae regalos!
— Ya nos veremos. Yo trabajo aquí muy cerca.
Deducción.— Parece muy probable que la madre, posiblemente separada de su pareja, lleva a diario a su hijo en coche al cole, en cuya puerta para unos instantes y deja al niño allí minutos antes de que abran y ella con prisa continúa conduciendo hasta el parking del hotel en el que trabaja.
El día de marras, el 23, la madre, con la tensión propia de una mujer que en solitario simultanea crianza y cuidados del hijo, su trabajo fuera de casa y labores del hogar para sacar adelante adelante su familia monoparental, había confundido la fecha vacacional y dejó al niño solo en la puerta del colegio en esta situación indeseada y peligrosa.
Mi hijo se despidió impresionado por el gesto cariñoso del niño y se dirigió a su trabajo pensando en sus propios hijos. La mujer que siguió la operación también se alejó tranquila.
Cuento de Navidad, curioso pero real.
Alfonso Jiménez
Con un 96% de participación en el referéndum sobre la Valoración de Puestos de Trabajo (VPT), la mayoría de los trabajadores municipales votaba “NO” a la propuesta presentada por el equipo de Gobierno, que había sido dictaminada favorablemente en la Mesa General de Negociación.
Eran 403 los empleados municipales con derecho a voto. El plebiscito se celebró el 18 de septiembre de 2018, finalizando a las 21:00 horas. De este censo de trabajadores, 220 votaron en contra, 159 lo hicieron a favor y 4 votos en nulo. Se decidía sobre un documento en el que se venía trabajando desde el año 2012. La consulta reflejó la división entre los trabajadores municipales, ya comentada en anteriores entregas de esta serie.
Fue un referéndum de validez y operatividad cuestionables. Sus efectos podrían anularse por varias causas. En primer lugar no estaba recogido en ninguna norma de las que regulan los procesos de valoración, tratándose de una oportunista invención política.
El secretario y la interventora municipales aún no habían emitido dictamen sobre la adecuación a la normativa vigente del citado documento. El sindicato USO había impugnado el documento de revisión de la VPT, por estimar que era imposible su aprobación al superar el límite establecido por las disposiciones estatales. En base a la regla de proporcionalidad del presupuesto municipal, señalaba USO, se estaban incumpliendo los máximos estipulados por el artículo 7.2 del Real Decreto 861/1986, de 25 de abril, por el que se establece el régimen de retribuciones de los funcionarios de la administración local. Este sindicato advertía de que dicha circunstancia, obligatoriamente, debía ser corregida antes de ratificar la propuesta en Pleno.
La propia Unión Sindical Obrera y la Coordinadora de Trabajadores de Andalucía se manifestaron en contra de la propuesta de VPT, mientras que el SAT decidió abstenerse, al igual que CSIF. El Sindicato Profesional de Policías Municipales de España respaldó este ajuste del complemento específico, al igual que Comisiones Obreras y UGT. No obstante, un número considerable de afiliados de estas secciones sindicales se opusieron al voto de sus propios representantes, e incluso denunciaron sus decisiones ante instancias sindicales superiores. Nos estamos refiriendo a los miembros de la Plataforma de Afectados por la VPT.
Únicamente 27 trabajadores mantendrían el mismo nivel de retribuciones con la aplicación de la propuesta que se estaba votando, la cual reducía el complemento específico de sus puestos, gracias a la aplicación de un complemento personal transitorio. En cambio, 112 asalariados obtendrían, anualmente, hasta 350 euros más; 60 empleados, entre 321 y 800 euros; una veintena percibiría un aumento cuantificado desde 801 euros hasta 1.500, y finalmente, un grupo de 176 accedería a una subida económica de más de 1.500 euros anuales.
Luego entonces, y con independencia de razones jurídicas que todavía estaban por dilucidarse, ¿Qué pudo ocurrir para que más de 200 trabajadores votaran contra la revisión del complemento específico? Recordemos que la plantilla de la policía local, por entonces, no superaba los 80 funcionarios.
Quienes rechazaban esta VPT lo justificaban en que se favorecía excesivamente a los policías locales y al personal municipal de oficios a partir de la categoría de oficial. También señalaban que la misma concedía una mejora salarial al secretario, la interventora y al tesorero. Luego, necesariamente, hubo trabajadores que votaron en contra de aumentar sus propias retribuciones con tal de que los puestos indicados no cobrasen el específico que les correspondía según la propuesta de valoración presentada. ¿Por qué? En mi opinión se produjeron un conjunto de circunstancias que combinadas dieron como resultado el rechazo final de la VPT.
La principal causa pudo ser la propia condición humana. Los seres humanos somos por naturaleza egoístas y envidiosos. Algunos, convencidos de que podían sacar mayor rendimiento en otra propuesta alternativa, votaron en contra de esta. Otros trabajadores, convencidos de que podían dejar de percibir el dinero de la productividad general si la propuesta se aprobaba, y como la cuantía de la productividad era mayor que la que pudiera quedarle como específico, votaron también en contra por razones económicas.
Un tercer grupo, me atrevo a decir, pudo rechazar la propuesta por animadversión hacia el colectivo de la policía local. Las fuerzas y cuerpos de seguridad son el último recurso, el poder coercitivo, con que cuenta el Estado para mantener el orden y la estabilidad social, y por ello, sus miembros son objeto de rechazo social en no pocas ocasiones, especialmente en ambientes con ideas políticas próximas al anarquismo y el comunismo.
Además, desde estos mismos sectores de la sociedad se pretenden niveles de justicia social extremos, consistentes en un reparto igual, que no equitativo, de la riqueza. De este razonamiento se puede deducir que también pudieron influir en la decisión final razones políticas e ideológicas.
En todos estos casos se estaba ignorando, o se quería obviar, que el complemento de productividad no es una retribución “permanente”, y que se aprueba cada año con el presupuesto municipal, dependiendo de la voluntad política del momento, mientras que el complemento específico requiere de una VPT para su modificación y por tanto goza de una mayor protección frente a decisiones "caprichosas".
En línea con las razones políticas citadas, guarda relación con ellas y es de especial interés conocer la reacción de los principales grupos políticos municipales de la oposición al resultado del referéndum.
Se produjo unanimidad en la crítica a la gestión del equipo de gobierno en materia de Personal, tras el rechazo de la VPT por parte de la mayoría de los trabajadores municipales. Todos los grupos coincidieron en exigir responsabilidades políticas por lo que consideraban un fracaso del PSOE en el objetivo de una “VPT JUSTA”. Era difícil, desde la perspectiva de la lucha por el poder, no apuntarse a aquella oportunidad para desgastar a un gobierno municipal que no contaba con mayoría suficiente en el Pleno.
El resultado del referéndum fue la puntilla que acabó con la propuesta del equipo de gobierno, apoyada en su día por la Mesa General de Negociación. Y es que tanto el PP como Ciudadanos, IUCA y el concejal independiente, manifestaron de inmediato su intención de votar en contra de la VPT si esta llegaba al pleno municipal, intenciones que se podían prever, por la evolución de los acontecimientos, desde mucho antes de aquel ejercicio de democracia directa.
La portavoz del grupo municipal Ciudadanos, Purificación Joyera, promotora de la consulta sobre la VPT, señaló que su grupo votaría en contra porque la decisión mayoritaria de los trabajadores municipales … "condicionará nuestro voto, más aún con la elevada participación registrada" ... Para Joyera … "los trabajadores han hablado claramente y por supuesto lo vamos a tener en cuenta y votaremos en contra" ... Indicando a los medios de comunicación que, pese a que la propuesta de VPT fue aprobada por los representantes sindicales y obtuvo informes jurídicos favorables, el resultado, paradójicamente, había dejado claro que esas decisiones … "no representan el sentir general de la mayoría de los trabajadores" …, cargándose de un plomazo, y sin que le temblara la voz, el principio de representación sindical.
Joyera añadió que … "en la mesa de negociación, la negociación no existió desde el primer momento, no se respondieron las alegaciones o se resolvieron sin estudio o fundamentación alguna, y la responsabilidad es del equipo de gobierno” …, y lo dijo en representación de un partido político que no acudió a las convocatorias del comité de valoración, ignorando con ello una magnífica oportunidad de procurar que las cosas se hicieran “con estudio y fundamentación”.
El Partido Popular también anunció su voto en contra una vez conocidos los resultados de la consulta. Su portavoz, por entonces Paco Huertas, declaró que … "suponen un fracaso estrepitoso de la política del equipo de gobierno socialista". Según Huertas … "esta propuesta fue una apuesta personal del alcalde y de la concejal de Personal, Teresa Alonso, que la inmensa mayoría de los trabajadores públicos han rechazado". Por lo que anunció que … "vamos a pedir responsabilidades políticas, porque ha sido mucho el tiempo y el dinero invertido en esta VPT y evidentemente alguien deberá asumir este fracaso"... Procede aquí poner de relieve que el Partido Popular sí participó en el Comité de Valoración, al menos en sus fases iniciales, y que por lo tanto compartía parte de responsabilidad en el supuesto “fracaso".
Por su parte, el portavoz de IUCA, Miguel Villa, manifestó que los resultados … "dejan clara la derrota de la VPT y supone también la división de los trabajadores y trabajadoras de nuestro ayuntamiento, situación que ha sido provocada por la actitud de falta de talante negociador y autoritarismo de la concejal de Personal, Teresa Alonso, en este proceso"... Villa indicó que su grupo mantendría el criterio … "de no mantener una valoración que divide a los empleados públicos y no tiene su apoyo y votará un no rotundo y sin paliativos si el PSOE se atreve consumar su fracaso llevando esto al pleno". Para el portavoz de IUCA … "la VPT tiene que ir a la papelera y empezar un nuevo proceso con el próximo equipo de gobierno". Izquierda Unida, también ausente en la mayor parte del proceso, proponía arrojar a la papelera el resultado obtenido en el Comité de Valoración, que tan mal lo había hecho, quizás por qué no se aplicó la “igualdad real”.
Como colofón, en el mes de octubre el Secretario General del Ayuntamiento de Lucena, dictó resolución estimatoria del recurso de alzada interpuesto por la sección sindical de USO contra la aprobación, en la Mesa General de Valoración del Ayuntamiento, de la propuesta de VPT, y contra la que se habían manifestado en contra una mayoría absoluta de los trabajadores municipales. Señalaba que, en base al informe emitido por la Jefa de Sección de Recursos Humanos, la tabla de valoración y cuantificación del complemento específico contenida en la citada VPT … "deberá ser objeto de nueva negociación previa en la respectiva mesa de negociación"...
Contra esta resolución, que ponía fin a la vía administrativa, se podía interponer recurso de reposición o recurso contencioso-administrativo, pero nadie, ninguno de los partícipes en la Mesa o el Comité de Valoración decidieron hacerlo. Tras la decisión de los trabajadores no resultaba “legítimo” hacerlo para los sindicatos, ni políticamente rentable para el equipo de gobierno, que ya estaba pensando en “otra cosa”. La negociación que se debía realizar según la resolución de Secretaría nunca se llevó a cabo, y así se abandonó la defensa y puesta en valor de un trabajo de años con un coste nada despreciable para las arcas públicas.
El referéndum fue un revés para el equipo de gobierno y los sindicatos que en su día aprobaron la polémica VPT, que ya nunca llegaría al Pleno, pero más duro aún fue el golpe para los 159 trabajadores municipales que votaron a favor de la propuesta, convencidos de que por fin se iba a resolver un problema arrastrado desde 2006, durante más de once años.
Fernando M. García Nieto
1 https://www.diariocordoba.com/lucena/2018/09/27/trabajadores-votan-referendum-vpt-ayuntamiento-36365615.html
2 https://www.andaluciacentro.com/cordoba/lucena/noticias/12028/lucena-votacion-consulta-vpt
3 http://www.surdecordoba.com/lucena/ciudadanos-lucena-asegura-que-la-mayoria-sindical-no-refleja-el-sentir-los-trabajadores-del-ayuntamiento
4 https://www.lucenahoy.com/articulo/politica/grupos-oposicion-piden-responsabilidades-politicas/20180919130334060807.html
5 https://www.subbeticahoy.com/articulo/lucena/secretario-municipal-estima-recurso-uso-valoracion-puestos-trabajo-ayuntamiento-lucena/20181011143714010642.html
No sé a usted, apreciado lector, pero a mí me ayuda mucho a dormir tranquilito y profundo como bebé el saber que tenemos un Gobierno que vela con tal denuedo por los intereses de sus ciudadanos.
Así, sobrado de exigencia y curtido de eficiencia, preocupado por el bienestar y mejor vivir de la población que administra y gobierna, ejecutor de la legalidad vigente, invierte con sabiduría y destreza el dinero público, ése que recauda con mecánica gestión por los más hilarantes y gratuitos aconteceres de la existencia, en campañas publicitarias destinadas a recordar, que no a concienciar (pues es aventajado conocedor del exceso de conciencia de sus gobernados), que debemos promocionar aquellos gestos y llevar a cabo aquellos actos destinados al ahorro energético.
En su infinita e ilustrada razón, comprende el Gobierno que, en ocasiones, los ciudadanos nos despistamos, ofuscados en el ajetreo de la cotidianeidad, dejando encendidas todas las luces y los electrodomésticos de la casa, aunque no los necesitemos; quemando neumáticos y combustible, mientras fardamos de coche molón con motoraco ebrio de nitroso; o abriendo el grifo a máxima presión para lavarnos las manos o fregando los platos no sólo después de comer, cuidado, sino después de haberlos fregado, en una conflictiva obsesión por la inmaculada limpieza.
Y claro, con tamaños descuidos populares, que los administrados, sobrepasados de renta per cápita (o como quiera que se la llame), con salarios por las nubes, se pueden permitir, el Gobierno, en cambio, se ve obligado, a fin de satisfacer el desmesurado consumo, a restringir el riego a los agricultores, demandar un aumento de combustible a las empresas petrolíferas o incrementar la compra de electricidad a Francia, ésa que genera, haciéndose rica, a través de las centrales nucleares levantadas cerca de los Pirineos, frente a aquéllas que nosotros hemos desmantelado en suelo patrio. (Lo de la crisis nuclear francesa es transitorio).
El caso es que dichos gastos imprevistos merman el Tesoro Público con trivialidad. Un dinero que se resta de actuaciones comprometidas con la utilidad pública, como las campañas publicitarias de concienciación (ahora, sí) contra la ingesta de frutas y verduras, el ejercicio diario y la lectura de libros, que tanto comprometen nuestra salud física y mental. Adicciones que habrían de ser erradicadas inmisericordemente, quedando, por el contrario, un poco relegadas al ostracismo, entre otras razones, porque el Gobierno entiende la prioridad del ahorro energético y el desliz del conciudadano medio.
No alcanzo a comprender, la verdad, el revuelo de indignación que se ha montado en torno a la feliz campaña publicitaria gubernamental, recordatoria y ahorrativa, que ha dado al dinero público un honorable acomodo. Los españoles tenemos pasta para vomitar y el Gobierno asume que una factura mensual de luz por debajo, tecleemos, de los cien euros, para el español medio, es indignante y bochornosa, tercermundista. Por ello, con el inteligente objetivo de mantener la paz común, le resulta imperativo no controlar o intervenir los precios de la luz, dejando que suban y sigan subiendo al libre albedrío de los operadores o jefazos del sector, para centrarse en evitar o disminuir el derroche que, pronto o tarde, repercutirá en las arcas del Estado, ajenas para el conciudadano medio. También por ello, con idéntico ingenio conservador en el nivel cuantitativo del importe de facturación, compensa la fútil idea de reducir el IVA con la imposición de un impuesto que todavía ignoro (discúlpeseme mi escasa cualidad intelectual) qué vinculación guarda con el gas, si bien, sufraga el descrédito de una zarrapastrosa factura mensual de, tecleemos otra vez, cincuenta euros.
El beneficio de la paz pública resulta primordial, para lo cual la iniciativa gubernativa se antoja fundamental, incluida esa campaña publicitaria, recordatoria y ahorrativa, trasunto de un pequeño tironcete de orejas combatiente del libertinaje de los ciudadanos vomitadores de pasta, que el Estado, hay que insistir, no se puede permitir.
Criticar la campaña publicitaria, entonces, implica aprobar y ratificar el salvaje derroche español, que el consumidor nacional paga gustoso con su facturación, porque rebosa pasta a espuertas, sin mirar las repercusiones para su propia Nación. Implica aplaudir que los desmedidos precios de la luz y del combustible se deban a la desbocada demanda ciudadana, en perjuicio del Gobierno, comprometido a cubrir las necesidades de una población caprichosa y malcriada. Quien critica su campaña publicitaria, se muestra ciego a la inconmensurable labor de contención en la intervención de los precios y de incorporación de nuevos impuestos en la facturación que nuestro venerable Gobierno realiza en aras del bien común, para prevenir que un coste ordinario de la luz y del combustible cause el enconamiento de los ciudadanos patrios, negados a valorar el esfuerzo estatal.
Sólo espero que, cuando todos esos criticones de la campaña publicitaria gubernamental vean por la televisión este invierno a los integrantes del Consejo de Ministros muy abrigaditos con jerséis de lana en su reunión semanal, al ordenarse cumplir con la campaña de ahorro energético estatal y mantener baja la calefacción, no osen tachar a nuestro Gobierno de falto de estilo y de clase, de vulgar.
Julián Valle Rivas
Buscando información relacionada con un tema que no viene ahora a cuento, me topé con una noticia publicada a finales de la pasada primavera. En ella se informaba acerca de los problemas de filtraciones y humedades en un convento cordobés y su iglesia adyacente, que obligaban a llevar a cabo obras de reparación y restauración. Las religiosas que habitaban el convento habían invitado al periodista a acceder al edificio y recorrerlo, señalando las zonas afectadas.
La Madre Abadesa puso de manifiesto la urgencia y pedía ayuda a la población, pues su principal fuente de ingresos radicaba en la elaboración artesanal y venta de roscos y magdalenas, régimen laboral con el cual no les era posible sumar los poco más de diecisiete mil euros necesarios para la obra proyectada. Ni siquiera la donación de productos típicos de festividades, días de precepto o santorales destacados del calendario, a cambio de la voluntad, suplían la escasez presupuestaria. En este punto, se quejaban las reverendas madres de que, para el 14 de junio, todavía disponían de existencias de panes de San Antonio, que no habían visto salida el día anterior, de manera que, a modo de triste llamada de atención hacia los feligreses, las monjas se preguntaban: «¿No conocen la tradición, hermanos?».
Esta pregunta, lanzamiento desesperado a un aire agreste e inmisericorde, a la vez cálida, a la vez tierna y a la vez bendita, como el pan olvidado por los parroquianos en los mostradores del convento; esta pregunta sin atisbo de reproche, como la de una madre benevolente hacia unos hijos revoltosos; esta pregunta resignada, como el cristiano que sufre los avatares de la vida; esta pregunta, simple y compleja, al tiempo, me provocó una sonrisa.
No fue una sonrisa sanguinolenta, sobrecargada de satisfacción, ni una sonrisa alegre de exagerada celebración por los malos momentos que atravesaban, con soledad y sumisión, las pobres monjas del convento cordobés. Fue una sonrisa desplegada por la entrañable ingenuidad de unas mujeres que, por condición, misticismo o adhesión, todavía no habían perdido, posiblemente no perderán jamás, su confianza y su amor hacia una humanidad creada a imagen y semejanza de Dios. Y sin embargo, el problema padecido por las religiosas cordobesas radica, precisamente, en la naturaleza humana. O en la naturaleza misma de la tradición, más bien.
Ante todo, es justo reconocer el mérito de la labor de las monjas de la congregación que residen en el convento y, en general, de la comunidad religiosa, sean laicas o investidas con el hábito talar, incluido el mundo, universo, teclearía yo, cofrade. No en lo que al aspecto espiritual se refiere, o no sólo, aunque tan importante es la calidad y salud del cuerpo como la del alma, y en esta vida, sano es el creer en algo que permita hacerla soportable o tolerable; de forma que tanto puede valer creer en un libro, una composición musical, una ecuación matemática, un par de ojos brillantes como estrellas o un dios omnisciente y omnipotente, fuera cual fuera. Porque el ser humano es carne y es consciencia, y entre lo uno y lo otro (si bien lo otro se halla ausente en múltiples ocasiones), desde los inicios de la especie así se ha considerado, se percibe un componente, cual argamasa visceral, que transciende la materia y la lógica, hasta copar un espacio preternatural.
De vuelta al justo reconocimiento del mérito, al margen, entonces, del ámbito espiritual, cierto es que no hay quien sea capaz de abstraerse del arte santificado con los dones de la belleza. Obras con siglos de existencia perduran en nuestra época, para goce y disfrute común: literatura, pintura, escultura, arquitectura; parte de ellas, por caprichos o designios del destino, de temática religiosa. De ahí que tranquilice saber que se suceden las personas que con el debido cariño y respeto se preocupan por que generaciones presentes y futuras puedan continuar admirando estas irreemplazables obras, las cuales quedarían abocadas al abandono, la indiferencia y la destrucción. Y en esa actividad de conservación y cuidado, dentro de nuestras posibilidades, todos habríamos de contribuir. También con donaciones en los periodos otorgados por la tradición.
Pero la tradición, por definición, es, curiosa e igualmente, obra humana, costumbre legada de padres a hijos; por ende, sujeta a las fluctuaciones del ánimo humano. La sociedad evoluciona, para lo bueno y lo malo. Lo que hoy considera atesorada tradición a perpetuar, mañana termina convirtiéndose en desdeñable práctica a proscribir. Perezoso acto de interesado desapego, por superfluo, hacia el que ya no se siente atracción ni identificación alguna, y en consecuencia, tampoco responsabilidad para con su ejecución. Para que un suceso adquiera la condición de tradición, se requiere de un proceso lento y seguro. Requisito idéntico en el trámite inverso. Diariamente, atestiguamos cómo los jóvenes de la sociedad se desentienden de las tradiciones, irrelevantes para ellos, que sus padres y abuelos celebraban con emoción y afecto. Cómo las tradiciones desaparecen al ritmo que surgieron. Y, aun en perjuicio de las pobres monjas cordobesas y de la humanidad, seguirán desapareciendo… Salvo que se trate de verbenas, jolgorios y jaranas varias, claro, que a estos idolatrados eventos siempre habrá ganas de apuntarse.
Julián Valle Rivas
